La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La ligereza de Amparo Rubiales contra José Luis Sanz

Ella lo califica de “triste” en un tuit. Anda que si es el político del PP quien hace un comentario tan banal de ella...

José Luis Sanz

José Luis Sanz / M. G. (Sevilla)

Afirma en las redes sociales Amparo Rubiales que el candidato del PP a la Alcaldía es un “absoluto desconocido” y que ha descubierto que es un “triste”. Lo ha soltado así, sin más. Porque le apetecía. Lo primero que piensa uno es la que se hubiera liado si el señor Sanz realiza un comentario similar de la muy respetable doña Amparo. En el supuesto más suave, lo hubieran puesto de vuelta a Tomares en el teleférico que no existe. Todos sabemos el calificativo que le hubieran dedicado de inmediato ante un comentario que resulta ligero, estúpido y gratuito lo diga quien lo diga. Parece mentira que quien ha vivido en directo los años más brillantes de la historia de la democracia española, pierda las energías en juicios de valor tan pobres.

Si nos tomamos en serio la afirmación –propia quien aprieta el gatillo de los tuits sin contar antes hasta tres– deberíamos aprender de una vez que la tristeza, el carisma, la popularidad, la charlatanería, el don de gentes y otras virtudes y defectos no gestionan presupuestos. Más bien lo hacen la eficacia, el esfuerzo, la capacidad de reunir un buen equipo, el liderazgo ganado desde el respeto y el sacrificio, el compromiso, la lealtad, la austeridad y el criterio. Tendríamos que haber aprendido ya que la popularidad como consecuencia de la campechanía sirve acaso para llegar a las masas y ganar elecciones, pero después se pagan algunas facturas en exceso crueles. No sé si el señor Sanz llegará a la Alcaldía. Es cierto que el PSOE se lo está poniendo fácil de momento.

Es evidente y escrito está que Sanz parece todos los días un nazareno de su cofradía de San Isidoro. No veo problema alguno en parecer así. Y digo parecer porque a la gente hay que conocerla. Manuel del Valle parecía serio... para el que no lo conocía. A Monteseirín lo infravaloraban y estuvo nada menos que doce años de alcalde, una cifra de la que nadie puede presumir. Al carismático Alejandro y a la austera Soledad no les dejaron repetir. Y Zoido fue víctima de la expectación insólita que generó. La clave en caso de que Sanz consiga el bastón de mando es si su seriedad es productiva o no para la ciudad, no un juicio de valor fatuo de quien estaría llamada a comentarios más sólidos. Sanz se equivocó en responderle en las redes, debió guardar el tono institucional que ya tiene por su condición de senador, alcalde de Tomares tantísimos años y nazareno de ruan que no se inmuta ante la turbamulta. Esos tuits son los que, como los jamones, se guardan en el secadero, Oseluí. No se responden.

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