Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Andalucía del Sol Naciente

CUÁNTAS Andalucías caben en Andalucía? ¿La llana, la alta, la oriental, la occidental, la bética, la penibética, la marítima, la de interior? ¿Provincias o taifas? Son, a bote pronto, algunas de las preguntas que sugiere ese tímido y pintoresco movimiento independentista (?), nacido en Granada, que propugna la división territorial de la comunidad en dos Andalucías y cuyo aparato, digamos, teórico se sustenta menos en un nuevo espíritu de identidad comunitario que en el trato desigual que han recibido (y reciben) las provincias orientales respecto de las occidentales. Es decir, las fronteras de las dos hipotéticas Andalucías no las marcarían los elementos naturales de vertebración geográfica (ríos, montes, valles), los acontecimientos históricos (sometimientos, segregaciones, luchas a pedradas) ni cierta mitología nacional imprescindible, sino algo mucho más pragmático: el sentimiento de desigualdad en el trato que dan los gobernantes a la comunidad. ¡La autonomía del despecho!

Como todo lector sabe, uno de los recursos clásicos de la literatura de terror es el tema del doble. Pues bien, he de confesar que siento una aguda punzada de inquietud con solo imaginar un mundo con dos Chaves, dos Arenas, dos Zarrías, dos Sanz (unos orientales y otros occidentales), dos Canal Sur en competencia fratricida por conquistar las auténticas manifestaciones folclóricas (la sevillana contra la reja, el Rocío contra las Angustias), fichar a las abuelas más sicalípticas para los programas vespertinos y los niños más resabiados para la noche del viernes. Más dos administraciones, dos parlamentos, dos himnos y dos (ay) campañas electorales más o menos paralelas.

Lo curioso es que semejante invención va ocupando poco a poco espacio en los medios informativos e incluso algunos juristas se han prestado a dirimir la fantasía de si las leyes actuales permitirían desgajar administrativa y políticamente Granada, Almería y Jaén para constituir una comunidad aparte (es significativo que los neoautonomistas se hayan deshecho de Málaga, que por situación geográfica pertenece a la mitad oriental, pero que podría constituir una seria competencia a la supremacía granadina).

Ahora bien, por más fantásticos que parezca el movimiento en pro de una Andalucía del Sol Naciente, no se puede desdeñar la razón primordial de los neoautonomistas: los agravios y menosprecios que soportan las provincias orientales. Al menos, el Gobierno andaluz no debe desdeñar tales quejas porque, al margen de que sean o no invención del PP, sí demuestran la existencia de un malestar auténtico contra la voracidad del centralismo sevillano.

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