Lo que Andalucía se juega en la Cumbre de París

HASTA el próximo 11 de diciembre, representantes del más alto nivel de 195 países se reúnen en París para intentar crear un nuevo protocolo que supere las diferencias y equivocaciones del de Kioto y que consiga evitar que la temperatura media del planeta aumente dos grados centígrados sobre los valores que se registraban en la última época preindustrial (1850-1900). Ya resulta ocioso el debate sobre si el planeta se está calentando o no y si la causa de esta elevación de la temperatura se debe a causas humanas. La ciencia internacional ha dado argumentos abundantes y contundentes de que el planeta se está calentando y de que las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente las de dióxido de carbono (CO2), provocadas por el hombre, tienen mucho que ver con el problema. Prueba de que estamos ante un auténtico desafío, quizás el mayor que se le ha planteado a la humanidad durante su historia, es que ayer se encontraba en la Cumbre de París la práctica totalidad de la élite política mundial.

No estamos hablando de un problema abstracto y lejano en el tiempo. El cambio climático ya es un hecho y de lo que se trata a estas alturas es de mitigarlo, de evitar que se llegue a un punto de no retorno. Si la humanidad sigue al ritmo actual de emisiones, la temperatura media global subirá entre 3,7 y 4,8 grados respecto a los valores de 1900. Sin caer en el catastrofismo, ya se ha previsto un aumento cuantitativo y cualitativo de los fenómenos meteorológicos extremos (huracanes, sequías, inundaciones, etcétera) y de sus lógicas consecuencias: desplazamientos masivos de poblaciones, desaparición de territorios y ciudades, etcétera.

Entre las zonas que se verán particularmente afectadas por este cambio se encuentra, precisamente, Andalucía, cuya posición en el planeta la convierte en un lugar especialmente sensible al cambio climático. No hay que ser un especialista para prever cómo nos afectaría tanto el avance de la desertización como el retroceso de las líneas de costa. Lo que Andalucía se juega en la Cumbre de París es, prácticamente, su existencia tal como la concebimos hoy en día. Nuestras geografía, cultura, biodiversidad, ciudades, agricultura, turismo, industria, etcétera, se verían gravemente afectadas si la humanidad no consigue parar la emisión de gases contaminantes. No hay ninguna duda de que el futuro a largo plazo de Andalucía se debate durante estos días en la capital de Francia.

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