la ciudad y los días

Carlos Colón

Andalucía, luz y sentido

OJEANDO un periódico mientras tomo un café paso, con las prisas de quien hace un primer repaso de titulares, una página a la que vuelvo inmediatamente. Porque los ojos, vigías que alertan para que la visión se convierta en mirada, han entrevisto algo que de una forma automática, en la fracción de segundo que se tarda en pasar una página, han captado en una fotografía apenas vista unos elementos que en un instante, como un reflejo, han cristalizado en la palabra Andalucía.

Son un féretro, un azulejo y tres colores. El féretro es el del sargento Joaquín Moya, muerto en acción de guerra en Afganistán. El azulejo es el de las imágenes titulares de la Hermandad a la que pertenecía y de cuyo paso el militar fallecido era costalero. Los tres colores -verde, albero y blanco- son los de las hojas de una palmera, el marco del azulejo y los muros de la parroquia cordobesa en la que se había oficiado el funeral.

Hay en la fotografía una tensión entre sinsentido y sentido, desconsuelo y consuelo, dolor y esperanza. De un lado están el dramatismo del féretro -"un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio", escribió Machado-, de la bandera que al cubrirlo alude a la muerte en servicio a su patria de un hombre joven y de las expresiones de incontenible dolor de quienes lo llevan. De otro lado están el sentido de lo que se representa en el azulejo y el consuelo de la luz.

Hay una estrecha relación entre la escena del azulejo y lo que sucede a sus pies: un hombre al que sus enemigos han dado muerte, los duros trabajos de amor para descender y enterrar su cuerpo, el dolor de su madre y sus amigos. La relación la establecen las creencias de quienes le están dando cristiana sepultura y las de la propia víctima, costalero de la Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento, María Santísima del Refugio, San Juan Evangelista y Nuestra Señora del Buen Fin. Para él y para los suyos aquella muerte y resurrección -tan lejanas en el tiempo, tan próximas por la devoción- abren su muerte al sentido y a la esperanza.

El cálido color albero que enmarca el retablo, el alegre blanco de los muros encalados de la iglesia y el vital verde de las palmas aportan ese otro luminoso consuelo que el Sur ofrece a sus hijos para que "sus almas no se cubran de nieblas de congoja", como escribió Rafael Cansinos Assens en sus cartas a los hijos del Sur: "El Sur es el lugar donde las puertas están sólo entornadas, donde las manos rasgan jugando las telas más hermosas para enjugar heridas… El Sur es el corazón ilimitado de sus hijos, tristes de no ser infinitos". Consuelo y caricia de la luz. Andalucía.

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