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rafael / sánchez Saus

Andalucía y el paro

EL paro es tal motivo de preocupación en la sociedad española que tendemos, muy naturalmente, a valorar la entera labor de un Gobierno en función del comportamiento de la sinuosa línea que muestra sus pendulares movimientos. Este mes estamos de enhorabuena, pues en junio han sido nada menos que unos 125.000 los trabajadores que han desaparecido de la temible y nutrida lista de los desempleados. Cierto es que son casi 3,8 millones los que aún permanecen en ella, pero desde febrero de 2013 el número se ha reducido en más de 1,6 millones, aproximadamente la mitad de los 3,3 millones de empleos perdidos durante la crisis. ¿Cuánto tardaremos en recuperar las magnitudes previas a ella? Nadie es capaz de aventurarlo, pero todo parece indicar que costará mucho sin que se produzca la reanimación del sector de la construcción, origen de muchos de nuestros problemas económicos pero inexcusable protagonista de la actividad económica en España.

En este contexto de relativa pero indudable mejora, llaman la atención los mediocres resultados de Andalucía. Se nos remacha que los datos de junio están determinados por la preparación de la campaña turística de verano. Si es así, ¿por qué Andalucía se descuelga de la creación efectiva de puestos de trabajo? Parece increíble que en esta coyuntura, cuando en el conjunto de España crece en junio la afiliación a la Seguridad Social en casi 100.000 personas, en Andalucía descienda en más de 20.000. Así pues, Andalucía lastra las cifras globales de un modo muy notable, ya que sin ella serían más de 120.000 las altas en el sistema. Sólo el 16% de los trabajadores españoles lo son en Andalucía, pero nuestra región representa más del 18% de la población total. En ese 2% de diferencia, que parece poca cosa pero equivale a unos 300.000 empleos, reside el principal desajuste económico y una de las causas primeras del progresivo distanciamiento andaluz de los niveles de bienestar de otras comunidades.

Constatan los historiadores que la superación de las crisis económicas, desde que hay noticia de ellas, se ha hecho siempre en clave de desigualdad. Las diferencias que entonces se crean tienden a perpetuarse durante largo tiempo, pues los tiempos nuevos suelen consagrar la posición adquirida por los aventajados. Quedarse atrás justamente ahora es una garantía de postración y decadencia. ¿Lo saben en la Junta?

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