La tribuna

Myriam Montañés

Andalucía ante sus propios retos

EL PIB andaluz creció en 2015 un 3%, lo que supuso alcanzar un crecimiento relativamente en línea con el de la economía española, consolidando la recuperación iniciada en 2014. Esto posiciona a Andalucía como una comunidad que, habiendo sufrido más durante la crisis (con mayores caídas en PIB o empleo), aceleró su crecimiento en los últimos años hasta situarse en la media nacional. A pesar de ello, y siendo un poco pepito grillo, habría que tener presente que la región mantiene grandes retos y continúa sin mostrar un proceso de convergencia regional -en tasa de desempleo o PIB per cápita, entre otros indicadores- que pueden hacer vulnerable la recuperación. Es necesario, por tanto, hacer un esfuerzo adicional por afrontar los desequilibrios, que más allá de afianzar la recuperación, permita a la región aumentar su ritmo de crecimiento y converger.

Entre 2010 y 2014, con una demanda interna mermada, Andalucía se vio ante la necesidad de reorientar su actividad hacia donde se encontraba el crecimiento: el exterior. De hecho, ya en 2014 las exportaciones de bienes andaluces se situaban casi un 60% por encima del nivel precrisis, en parte como reacción a la caída del gasto de hogares y empresas nacionales (alrededor de un 40% de este aumento en las exportaciones se debe al descenso de la demanda interna). De esta forma, las exportaciones andaluzas se convirtieron en un soporte para su economía, arrastrando además a otras actividades y evitando caídas aún mayores de su PIB. Si bien es cierto que Andalucía ha ampliado sus miras comerciales y el proceso de internacionalización ha continuado, incluso tras la mejora de la demanda interna, las exportaciones andaluzas aún presentan una baja diversificación tanto de productos (principalmente alimentos y productos energéticos) como de destinos (el 70% continúa dirigiéndose a Europa). Esto las hace muy vulnerables ante un contexto de incertidumbre como el actual, en el que las dudas sobre el crecimiento mundial han desinflado ligeramente las ventas al exterior en el último año.

La mejora del entorno, la progresiva corrección de desequilibrios en la economía española, las condiciones de financiación más favorables o el tono algo más expansivo de la política fiscal, han servido de base para la mejora de la demanda interna, la recuperación de la confianza de consumidores y empresas, así como para la generación de empleo. Todo ello ha venido acompañado por la dinamización del sector turístico, que ha tomado el relevo de las exportaciones de bienes como soporte del crecimiento económico en la región. Con cifras récords durante 2015, los hoteles andaluces recibieron algo más de 16,5 millones de viajeros, un 7,7% más que en 2014, situándose como la segunda comunidad con mayor afluencia de viajeros, sólo por detrás de Cataluña y cerrando la brecha que les separa. Habría que sumar, además, factores como el bajo precio del petróleo o las políticas expansivas del BCE, que continuarán favoreciendo la recuperación de la región. Así, el escenario de BBVA Research anticipa crecimientos del 2,8% para el PIB en 2016 y 2017, pudiendo generar en torno a 230.000 puestos de trabajo y situando su tasa de paro en el 25% a finales del bienio. A pesar de esto, la recuperación sigue siendo muy débil y los riesgos se han incrementado en los últimos meses, relacionados con las dudas sobre el crecimiento mundial, especialmente en países emergentes o la incertidumbre que sobre las políticas económicas genera el panorama político actual en España.

Estas cifras, sin menospreciar lo positivo, también llevan a pensar en los grandes retos que aún presenta Andalucía y es que enfrentar una recuperación como la actual, sin aprovechar la experiencia y sin atajar los retos aún existentes, la harían efímera. Más allá de continuar con el proceso de diversificación de sus exportaciones o de aprovechar el tirón del turismo -gracias, en parte, a los conflictos geopolíticos existentes en destinos similares- para ganar en competitividad, la región debe tener muy presente que sus mayores desequilibrios siguen siendo estructurales. Es por ello que los grandes retos de Andalucía hacia delante son los de: incentivar la inversión, reducir la tasa de paro y aumentar la productividad, para lo que se requiere el esfuerzo de las instituciones y de los agentes privados.

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