Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Andersen abre otra borrasca

SIEMPRE comprendí al futbolista que se rebela contra su suplencia, pues eso da buena muestra de que aúna vocación y profesión, todo lo contrario que el acomodaticio que se conforma con ver los partidos desde el banquillo y que no sólo no protesta, sino que se toma los entrenamientos como a título de inventario. Y en este apartado toma especial relevancia el portero, pues está claro que sólo hay una plaza para él en el equipo.

Viene esto colación por la rajada que el aún bético Andersen ha largado en su país. Y me parece lógica su protesta por mucho que se vea desmesurada tras comprobar el rendimiento que el danés aporta cada vez que es requerido. Normal que un jugador que ve peligrar su puesto en la selección de su país se encabrite por el ostracismo, pero hay algo que me ha chocado sobremanera y es que asegure que fichó por el Betis porque el director deportivo le prometió la titularidad.

No tengo por qué dudar de que eso haya sido así, pues no da la impresión el cancerbero danés de ser poco serio. Si es así, bien debiera explicar Vlada Stosic qué hay de cierto en todo esto. En caso afirmativo habría que preguntarle al serbio que quién es él para prometerle a nadie un puesto en el equipo. La titularidad es patrimonio único y exclusivo del entrenador y como lo último que puede pasar es que ese entrenador cargue de piedras su tejado, lo lógico es que ponga al mejor.

Al mejor o al que él crea que atraviesa un mejor momento de forma. Eso es innegociable y más en este caso, pues las demostraciones de Andersen bajo los palos no han dado argumentos para considerarlo indiscutible. Dicho todo esto, bien haría el director deportivo en aclarar esta denuncia del portero danés y si, como abunda el propio Andersen, esa suplencia se debe a un nuevo desencuentro entre él y el entrenador. En la situación del Betis sólo falta que la abuela fume.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios