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Desde mi córner

Luis Carlos Peris

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Anduva dejó claro que no hay enemigo pequeño

El Alavés muestra una paupérrima tarjeta de visita en Nervión, pero hay que tener cuidado

Cuando Monchi se pone solemne y abre la boquita no sólo sube el pan, sino que pone a todo el sevillismo pensando en lo bueno que es y en lo afortunados que son por tener un director deportivo de tamaño calado. Ha sido el ejecutor del despegue sevillista, de un supremacismo que ya alcanzó los tres lustros y por eso cuando abre la boquita y habla urbi et orbi y de forma irrefutable, prácticamente infalible, todo el mundo al suelo.

Ha dicho el otrora León de San Fernando, según ingeniosa acepción de Sánchez Araújo, que la infamia de Anduva no la taparía ni la Liga ni la Champions League. Así de alto pone el amigo Ramón el listón de la exigencia, lo que llena de satisfacción a toda esa pléyade que se atribuye un papel fundamental en el crecimiento y que conforma la clientela del club. Y es que oyes cosas que te hacen inútilmente creer en que el crecimiento fue exclusiva de la exigencia.

Y para ganar la Liga y la Champions se hace de obligado cumplimiento empezar por ganarle hoy al Alavés. El fútbol de la hora te da la posibilidad de revancha cuando las heridas siguen frescas y la cauterización ha de esperar, pero esta tarde se debe dar el primer paso para ir a la conquista de cuanto, según Monchi, borraría el sainete del jueves junto al Ebro. Por lo pronto, la historia habla de que un triunfo del Alavés en Nervión es una misión prácticamente imposible.

El Alavés respiró con su triunfo en el campo del Levante, pero volvió a las andadas en Mendizorroza ante el Villarreal. Su única victoria en Nervión fue en el campo antiguo a mediados de los cincuenta y fue una sorpresa por lo que entonces era el Sevilla de Helenio Herrera. Este Sevilla es de igual o superior calado a aquél, por lo que un triunfo vitoriano dispararía los dividendos quinielísticos. Pero, cuidado, que también era a propósito lo de Miranda y fíjense bien qué pasó.

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