Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Angangas

LA felicidad puede tener forma de símbolo del euro. O el deseo puede ser convertirse en mileurista, una utopía para mucha gente de nuestra calle con el horizonte opaco de perspectivas. Esas fueron dos de las confesiones de las Princesas de barrio, el docureality estrenado este domingo por La Sexta. En su textura parece que estamos ante una comedia, ante una caricatura callejera. Las chicas nos recuerdan los más forzados estereotipos de Yolanda Ramos. Parece que asistimos a las aventuras reales de Lorena, la hija de Aída. Pero debajo de la piel de esos reportajes hay cierto amargor, mucha ternura y bastante melodrama urbanita. Una chica dona óvulos para sacarse mil euros de una tacada y otra, madre soltera, ve a su hijo los fines de semana, mientras se lo cría su abuela...

Son cenicientas sinceras, de vida simple y existencia complicada, en días y días de la marmota. Apurando los sueldos, dependiendo de jefes insospechados y que se van de botellón, a los conciertos de Camela, hacen de gogó o viven en pisos apretados. Y se expresan a veces a gritos, temperamentales porque el mundo las ha hecho así. Cuando las carencias se enroscan con las resignaciones y las dignidades convencidas, se escriben las vivencias de estas Princesas de barrio de retrato duro, agridulce, porque en estas historias hay mucho más reality y menos show que en cualquier jaula televisada.

No hay humor en estas escenas aunque las historias desbarren en la ironía y la acidez. Este programa de La Sexta es el reflejo de los espejos deformes de algunas ficciones españolas y de esas galerías de aspirantes a famosos que nutren y nutren programas de debates, testimonios y falsos enamoramientos. Confiemos en que Princesas de barrio no degenere en sí mismo y se quede en una fotografía en movimiento de las estrías angangas que rayan las ciudades del siglo XXI.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios