Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Angela

HACE ya tanto tiempo, un amigo, hubiera aprobado o no, pasaba los veranos en un colegio alemán. Allí adquirió una tendencia casi ascética del orden que, sólo en apariencia, parece chocar hoy con su profesión de pintor: en realidad, el orden contribuye a la eficiencia, rasgo típicamente atribuido a los alemanes. También se atribuye a los alemanes el respeto al orden institucional establecido (bueno, a unas malas, no, pero no entremos en pantanos). Por eso, cuando Angela Merkel hizo llorar a una niña palestina en la televisión, no hizo más que ser coherente. En perfecto alemán, la niña hizo un discurso entrañable sobre lo bien que había sido acogida en Alemania tras llegar de un campo de refugiados en el Líbano, aunque recordó que su familia estaba tras cuatro años a la espera de respuesta a su solicitud de asilo. Merkel, en su turno, le dijo que "no todos los solicitantes de asilo lograrán la residencia y algunos tendrán que salir del país". La pequeña rompió a llorar, y la canciller no pudo por menos que acercarse a consolarla, aunque tampoco en modopapa Francisco que digamos. Se le criticó la "falta de empatía". Quizá en otro país, pongamos España, el gobernante hubiera hecho del apuro, marketing, y le hubiera prometido solución a su particular problema, y en un momento dado hasta se lo hubiera resuelto. Los demás no estaban ante las cámaras, que se aguanten. Pero eso es muy poco alemán.

Ahora, decenas de miles de inmigrantes tratan de llegar por tierra y mar al primer mundo europeo y sus oportunidades, de la mano de mafias y azuzados por el miedo al yihadismo -éxito militar para éste- que ocupó sus pueblos. Miles ya han muerto en el empeño. Esta inmigración masiva ocasiona un a grave crisis política en la Europa más rica y sus accesos más pobretones, un problema logístico y diplomático de primer orden. Ante esta gigantesca patata caliente comunitaria, Merkel de nuevo ha reaccionado coherentemente (la coherencia es algo de uno consigo mismo, guste a los demás o no): "Si no hay reparto equitativo de los refugiados, nos veremos obligados a revisar Schengen [acuerdo de supresión de las fronteras intercomunitarias]". Alemania, más rica y absorbente que los demás, mantiene poblaciones inmigrantes legales e ilegales que en otros países son impensables. Ahora toca empezar a pensar si usted y yo seríamos capaces de tolerar con solidaria conciencia y paciencia un campo de refugiados en ese descampado que hay cerca de su domicilio. Toca mirarnos a nosotros, y no a Merkel. A repartir el marrón tocan. A ver esa grandeza y esa humanidad.

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