En esta semana, Sevilla ha sido anfitriona de un gran evento que, por fin -así dicen siempre, "por fin", quienes desconocen la relevancia histórica y cultural de la ciudad- nos sitúa merecidamente en el mapa. Esta cita, fundamental para 580 millones de personas en todo el mundo, principalmente de España y América, ha congregado a las principales figuras del momento. Los seguidores agolpados a las puertas pudieron acercarse a los protagonistas de la cita. Poco o nada se sabe del backstage ni de la fiesta posterior. Se rumorea que alguno de los intervinientes acabó llevándose a la cama un libro sugerente. La mayoría, me malicio, acabarían la noche hablando de Joyce en la taberna irlandesa cercana al hotel. En cuanto a los estilismos, los invitados no defraudaron. Fernando Iwasaki destacó por la gracilidad de su melena ondulada, cuyo movimiento puso énfasis a todo lo que dijo. A Carme Riera la vimos con un elegantísimo dos piezas de pata de gallo. Muñoz Machado no defraudó, lució sobrio y elegante. Echamos de menos, eso sí, un poquito de polvo de tiza en las chaquetas de los catedráticos.

Efectivamente, no hablo de los cacareados MTV Music Awards. Bienvenidos al mayor antiespectáculo del mundo, el Congreso de Academias de la Lengua Española que, desde el martes y hasta hoy ha reunido en Sevilla a los expertos de esta lengua nuestra con la que nos entendemos 580 millones de almas en 23 naciones. No ha sido retransmitido en directo por televisión, ni las fans de los diccionarios al nos hemos abrazado emocionadas al saber que la RAE ha añadido al suyo la palabra "capillita", ni los intervinientes han dicho con grandes voces ante el micrófono "¡Buenas noches Sevillaaaaaa!". Ni siquiera han desplegado abanicos con palabras volanderas, lo que le hubiera dado frescura al encuentro. El objetivo de la reunión tiene su enjundia: cuidar el español como misión colectiva de quienes lo hablamos. La impresionante variedad y riqueza panhispánica se ha forjado en la boca de lo mestizo. En este instante, cuando les escribo esta columna desde un pequeño pueblo de Colombia, compruebo que es nuestro idioma el que más puede sorprenderme. Siento en estos acentos un algo de andaluz, una variedad rica y evolucionada y viva del idioma. La sociedad del espectáculo tiene los ojos arrancados por la pirotecnia. Este encuentro no se celebra para entusiasmar a las masas acríticas, ni impide que quienes experimentamos con la lengua, con intención literaria y política, sigamos metiéndonos en fonéticas y palabrizales. Pero llama la atención el escaso interés del común por algo tan fascinante como nuestra lengua y las hablas. Sirve más a Sevilla una reunión de los expertos de la lengua en un congreso o de vecinas deslenguadas en un bordillo que todos los MTV Music Awards del mundo. LOL!

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