Diario de Sevilla En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Azul Klein

Charo Ramos

chramos@grupojoly.com

Aprender de Lucía Bosé

La elegancia de la actriz milanesa nos hace pensar en el valor de la moda en estos tiempos de confinamiento

En mi primer día de teletrabajo, lejos de la redacción, la muerte de Lucía Bosé llena la pantalla de mi escritorio de fotografías en blanco y negro donde la elegancia de esta milanesa descubierta por Visconti tras el mostrador de una confitería asume de pronto un cariz reprobador. Fotos de la actriz que son paradigma de la gracia, la belleza y las proporciones idóneas… Valores que parecen aún más lejanos en este estado de alarma que nos incita a pasarnos el día en pijama, chándal, bata o jerseys amplios. Aprovecho el final de la jornada para revisar Crónica de un amor, con Lucía Bosé encabezando el reparto del primer largometraje de Michelangelo Antonioni. Javier Rodríguez Barberán, al que tanto recurro en cuestiones arquitectónicas e italianas, adora esta película en la que el director ensaya y anticipa cuestiones que se volverán centrales en El eclipse y La noche aunque lamenta que aún no estuviera lista la Torre Velasca, uno de los iconos de Milán. Vuelvo con Antonioni a ese norte hoy devastado por el coronavirus y que cuando él rueda esta película sale a duras penas de la posguerra pero la mirada se clava en los vestidos y tocados que Lucía Bosé coloca ante la cámara. La elegancia italiana está ahí, en los diseños de Ferdinando Sarmi: estolas, chaquetas con hombreras, abrigos de piel, trajes de tafetán o bordados intrincados, todo un delirio de prêt-à-porter y alta costura iluminado exquisitamente en un blanco y negro neorrealista que hace que todo ese lujo contraste aún más con la pobreza circundante. Antonioni era tan listo que para garantizar que Sarmi le cediera gratis el vestuario lo contrató para interpretar al marido celoso de Paola (Lucía Bosé), un rico manufacturero que le concede todos los caprichos pero no es capaz de lograr que ella olvide a su amor juvenil. Sarmi no hizo carrera en el cine y tras trabajar en 1950 en esta Cronaca di un amore consiguió que al año siguiente la mismísima Elizabeth Arden lo fichara como diseñador residente de su maison neoyorquina, a la que se vinculó hasta 1959, cuando fue sustituido nada menos que por Óscar de la Renta. Así que si estos días les puede la nostalgia dejen de descuidarse, abandonen el chandalismo y la bata de guata, y revisen el patronaje de Sarmi y su contribución textil a la construcción del mito de Lucía Bosé. Y cuando pase todo esto, por favor, hagan realidad alguna fantasía o capricho acudiendo al pequeño comercio. Apoyen esas tiendas de ropa maravillosas e independientes de Pérez Galdós, Zaragoza, Asunción o Rosario donde resisten los profesionales que nunca le dirán que algo le sienta bien si le hace parecer un adefesio. Salgamos de esto cohesionados como sociedad y glamurosos para variar.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios