La esquina

josé / aguilar

Aprender de los vascos

CÓMO cambian las cosas! Siempre habíamos pensado que el nacionalismo vasco conduciría a Euskadi a la ruptura con España y el nacionalismo catalán, por el contrario, estaba presidido por la sensatez y nunca abrazaría el independentismo. Que, con el terrorismo como telón de fondo, el PNV acabaría sumergido en un delirio separatista mientras Convergència i Unió, siempre moderada, europeísta y cooperadora en la estabilidad del Estado, sólo pretendería renegociar las condiciones de su encaje en el mismo Estado. Con tirones cada vez más fuertes, pero sin voluntad de romper la baraja.

Derrotada ETA y fracasado el plan soberanista de Ibarretxe, el nacionalismo vasco acaba de suscribir con el PSOE un pacto que le permitirá sacar adelante los presupuestos y gobernar en minoría. Un pacto centrado en la reactivación económica y la reforma fiscal, lo que indica que el PNV ha comprendido que la prioridad para su tierra, como para todas, es la lucha contra la crisis y no el nuevo estatus político de Euskadi. Y lo que mide la distancia que media entre el delirante Ibarretxe y el prudente y racional Urkullu.

El pacto con los socialistas -es decir, con la tercera fuerza política vasca, eludiendo a la segunda, Bildu, tan deseada en otros tiempos- lo ha firmado el PNV el día antes de la Diada catalana, otro de los "momentos históricos" elegido por el actual presidente de la Generalitat para acelerar el proceso independentista de Cataluña. Al contrario que el PNV, Convergencia -pero no su socio de Unió- ha decretado que la crisis no es ninguna prioridad (acaba de implantar nuevos impuestos en una comunidad cuya presión fiscal no tiene parangón) y que, en todo caso, es fruto del expolio de España, de modo que bastará separarse de ésta para que la economía se arregle y los recortes desaparezcan. Aquí se ve también la distancia que media entre Jordi Pujol y Artur Mas, la misma que entre Urkullu e Ibarretxe, pero a la inversa.

Mas lleva al nacionalismo catalán con tradicional vocación de centralidad hacia el radicalismo, y Urkullu reconduce al nacionalismo vasco de vuelta a ella. Urkullu no quiere saber nada con Bildu, y Mas, en su supina estupidez megalómana -acaba de compararse con Luther King, el tío-, no se da cuenta de que se ha montado en un barco destinado a zozobrar que pilota Esquerra Republicana. Cuando se aperciba de ello, si es que se apercibe, será tarde.

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