Al punto

juan / ojeda

Aprieta pero no ahoga

LA semana pasada se produjo la primera desavenencia pública -de las otras no sabemos- entre los socios del Gobierno andaluz, PSOE e IU. El portavoz de la coalición de izquierda en el Parlamento, José Antonio Castro, le lanzó una andanada de advertencia, en la que se notaba un evidente cabreo, a la consejera de Hacienda, María Jesús Montero. Lo que le vino a decir es que los presupuestos son cosa de dos y que se abstuviese en el futuro de anunciar decisiones sin consultar con el socio, o sea, con ellos. Además, le ha recordado que si el PSOE está en el Gobierno es porque IU ha querido que esté, lo cual es verdad, pero también lo es que el PSOE está en el Gobierno porque IU también quiere estar en el Gobierno. Por tanto, si quiere seguir en el Gobierno, tiene que dejar que el PSOE siga en el Gobierno. Es decir, que esto va de Gobierno.

Como es lógico, tras este toque de atención, el PSOE ha guardado un prudente silencio oficial y los socios se han apresurado a dejar claro que el pacto no está en peligro y que este desacuerdo es sólo producto de las tensiones naturales que se dan en la negociación de unos presupuestos difíciles, cuando tienen que ser acordados por dos fuerzas políticas con planteamientos diferentes. Por ejemplo, IU, aunque la consejera haya dicho, haciendo gala de su condición de médico, que ya no hay más grasa en la Junta para recortar, cree que todavía queda bastante chicha que sanear en la administración no oficial, y así se evitaría que se dé el tajo de bisturí en la administración oficial. También piensa que hay que hablar sobre eso de que no van a subir los impuestos porque, según IU, se puede y se debe.

La verdad es que esta peleílla es más de forma que de fondo. Porque lo que Castro le reprocha a Montero es que se haya adelantado al anunciar algo que no estaba acordado. O sea, la forma. Porque el fondo, es decir, el entramado real de los presupuestos andaluces está ya acordado, salvo detalles, diga lo que diga Castro, cuyo interés, de acuerdo con lo que diga su partido, es que se sepa que ellos no sólo cuentan, sino que también condicionan. El ser imprescindibles les da ese nivel de influencia, y tienen que hacerlo patente porque, eso que se llama otra forma de gobernar, se lo atribuyen a su presencia en el núcleo de poder. En definitiva, que hay, o va a haber, sí o sí, acuerdo presupuestario. Cierto es que ser imprescindible no es una cualidad eterna pero, mientras tanto, se aprieta pero no se ahoga.

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