Antón Capitel

Arquitecto y catedrático emérito de la Universidad Politécnica de Madrid

Arquitectos y amigos

Tengo la fortuna de conocer a Antonio Cruz y Antonio Ortiz desde estudiantes, pues ellos fueron a la Escuela de Arquitectura de Madrid cuando hacíamos el cuarto curso y teníamos de profesor a Rafael Moneo. Citarle no es algo convencional, pues tanto ellos como quien esto firma estuvimos ligados a su magisterio a partir de entonces. Nuestra generación ha de entenderse como la que se inició después de que Moneo, como arquitecto, como profesor y como crítico, lograra cambiar el panorama arquitectónico español, cerrando la “aventura orgánica” y abriendo lo que podemos llamar la “recuperación de la disciplina”.

Cruz y Ortiz se fueron erigiendo así, paulatinamente, como los mejores representantes de las gentes de mi edad en esta transformación que, a lo largo de los años 70 y 80, hizo que la arquitectura española fuera tomando nuevos ímpetus hasta llegar a un reconocimiento internacional muy alto y emprender nuevas y fértiles etapas.

Arquitectos de Madrid, Barcelona y Sevilla, alumnos de Moneo o influenciados por él, recorrieron de modos diversos la senda que había iniciado al recuperar algunas cuestiones arquitectónicas muy importantes que habían entrado en crisis con el eclecticismo de la arquitectura moderna en los años 60 y con la invasión de ciencias y pensamientos ajenos –la semiótica, el estructuralismo, el neo-funcionalismo, las tecnologías, la cibernética… – y tantas otras cosas que tendían a eliminar los contenidos propiamente arquitectónicos.O, al menos, aquellos que a nosotros nos interesaban: un nuevo reconocimiento de la historia de la arquitectura, antigua y moderna, plena de lecciones; el papel en relación a la ciudad y al lugar que a la arquitectura le correspondía; el reconocimiento de la construcción como lenguaje de la arquitectura; la recuperación de la idea de composición….. Tales algunos de los principales contenidos que fueron los que los arquitectos aludidos interpretaron para andar el nuevo camino ya señalado.

Cruz y Ortiz empezaron por la vivienda, y dejaron en forma muy precoz una obra maestra: las viviendas en la calle María Coronel (Sevilla, 1974-76), ligadas íntimamente a los contenidos dichos. Una obra urbana que interpretaba en forma libre, moderna y muy afortunada los tipos residenciales sevillanos en torno a un patio; que vencía la irregularidad del solar aceptándola y proponiendo un orden nuevo, plásticamente interpretado; la construcción como lenguaje; la composición como medio…. Siguieron con otras obras residenciales en la que las aproximaciones a la ciudad y el lugar se entretejían con los modelos heredados del movimiento moderno. Obras de carácter muy diverso. Fue singular su contribución a la remodelación de los barrios periféricos de Madrid con el Conjunto en Carabanchel (1986-89), en donde un lenguaje tan heredado de la tradición moderna como propio brilló intensamente y aumentó la calidad de la periferia madrileña. El encargo dio la medida del prestigio ya alcanzado entonces.

Muy pronto tuvieron un trabajo extraordinariamente difícil, la nueva Estación del Ferrocarril de Santa Justa, en Sevilla (1988-91), necesaria por la línea del AVE. Una obra en difíciles condiciones y que fue extraordinariamente cualificada. Se logró en ella dotarla del carácter de edificio público de gran significación, de monumento civil urbano. Y haberlo hecho con una arquitectura tan personal como unida a la tradición del lenguaje moderno, dando a la ciudad un hito que la cualifica. Una Sevilla nueva y moderna, una imagen y un espacio reconocibles, identificados con su uso y con su ciudad. Un gran éxito arquitectónico y una importante obra maestra, ya madura y valiosa.

Y que permitió entender una importante cualidad: el logro de un lenguaje arquitectónico altamente refinado, que sigue las tradiciones modernas con una calidad plástica y compositiva de alto nivel. Han rozado muchas veces el atractivo refinamiento que tuvo, por ejemplo, un Alvar Aalto, por hablar del maestro más refinado de entre los modernos.

La obra de estos arquitectos ha sido muy grande, no hay espacio para recorrerla. Pero recordemos, al menos, su experiencia en restauraciones y rehabilitaciones, tema tan común a nuestra generación. Citemos el Baluarte de la Candelaria en Cádiz (1986-89), el Archivo Histórico y Municipal, en Sevilla (1983-85), la Consejería de Cultura (1989-92) y la sede de la Diputación de Sevilla en el cuartel de Ingenieros (1991-95). Son importantes ejemplos en los que se usó una aproximación moderna con el criterio analógico. Esto es, unas analogías que destacan la época de su actuación, pero también capaces de lograr una armonía con la obra antigua y conseguir una nueva y atractiva unidad.

De nueva planta: el conjunto residencial en Tharsis (Huelva, 1988-92) y la Estación de Autobuses (Huelva, 1990-94), que dan la medida del transcurso de los años al dar por superadas las preocupaciones primeras y pasar a la práctica de lo que podríamos llamar el “racionalismo ecléctico”, que permitió ir emprendiendo caminos figurativos y conceptuales más libres.

De nuevo en Madrid, una obra muy importante y difícil: el estadio de la Ciudad Deportiva de la Comunidad (1989-94), hoy transformado como el del Atlético de Madrid, y de nuevo el vencimiento de la alta escala y la gran complejidad. El edificio se incorporó pronto a las imágenes representativas de Madrid y la importancia de su singularidad quedó demostrada por el mote La Peineta, aludiendo a la poderosa imagen de la gran tribuna. La citada transformación también ha sido obra suya.

Luego saltaron a Europa. La remodelación de la Estación de Basilea (Suiza, 1997-2001) y la ampliación del Rijksmuseum de Amsterdam (Holanda, 2002 en adelante) dieron testimonio de su prestigio e importancia en esta nueva escena, y de la feliz solución de programas y situaciones de proyecto de alta complejidad.No han querido hacer la carrera académica española, pero ello no les ha privado de haber sido profesores: en Sevilla, Zúrich, Harvard, Cornell, Lausana y Pamplona, por ejemplo. Las escuelas españolas han gozado así demasiado poco de su magisterio directo, pero su obra es bien conocida y apreciada en nuestras escuelas. Su trabajo ha sido y es, con mucha frecuencia, ejemplo vivo para la docencia, y, por este medio, no han estado en absoluto ausentes de la enseñanza española, aunque nos hayamos privado de lo que hubiera sido su magisterio directo y continuado.

Sus premios han sido numerosos, las exposiciones sobre su obra, también, y las publicaciones de su trabajo en revistas, numerosísimos. Han tenido el Premio Ciudad de Sevilla, el Nacional de Arquitectura Española, el del Ministerio de Fomento Manuel de la Dehesa….. Tienen publicadas al menos dos monografías bastante completas. Esto es lo que ha permitido el conocimiento de su trabajo, unido además a las abundantes peregrinaciones profesionales y estudiantiles a sus obras.

Diario de Sevilla no se ha equivocado: son unos de los mejores arquitectos del último tercio del siglo XX y de las primeras décadas del XXI. Ya están en la historia, pues a su valiosa obra se une ya una edad, la nuestra, que permite hablar así. Deseamos, no obstante, que sigan contribuyendo –si es que así lo desean– al mayor esplendor de nuestras ciudades, y de otras muchas, y de una de las mejores épocas de la arquitectura española. En ella están inscritos sus nombres con letras de oro.

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