Jorge Benavides Solís

Las Atarazanas 2015

Reflexiones sobre el futuro de los viejos astilleros

LAS "Atarazanas de Sevilla se construyeron hace 763 años, en 1252 por mandato del rey Alfonso X El Sabio, fuera del recinto amurallado, apoyándose en el cobijo que le ofrecía la muralla y la coracha saliente que unía las Torres del Oro y de la Plata, entre las puertas del Carbón y del Aceite. La trama base de estos astilleros, para construcción de galeras, se concreta en la yuxtaposición de naves dispuestas en perpendicular a la dirección del río y adosadas en su fondo a la muralla almohade de la ciudad, conformadas mediante líneas de arcos que, además de soportar la cubierta canalizan las aguas a modo de acueducto", se puede leer en el poco riguroso Catálogo Urbanístico de El Arenal, Sector 13 del Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de Sevilla (aprobación definitiva 2006).

En 2007 la Universidad de Granada publicó un libro de 547 páginas con el título: Atarazanas. Museo de Arte Contemporáneo. Hacía suyo el proyecto de la Consejería de Cultura encargado en 1969 a los arquitectos Barrionuevo y Molino. Después de la Expo 92, fue ubicado en La Cartuja, dicho encargo estuvo acompañado de una cata arqueológica que encontró la cimentación del edificio a 5,5 metros de profundidad.

En varios artículos publicados en este periódico (09/01 y 28/11 de 2013) compartí mi punto de vista sobre el proyecto que había triunfado en el concurso restringido de arquitectura para intervenir en uno de los monumentos más antiguos y representativos de la Sevilla con vocación marinera. El de mayor magnitud de España.

Adepa entonces dijo que es "absolutamente denigrante" convertir las Atarazanas "en el vestíbulo de Caída Forum o de cualquier otro proyecto similar" y expresaba "su total apoyo" a la propuesta del presidente de la Fundación, el ex alcalde Manuel del Valle, para "devolver en las Atarazanas tres naves a su cota original". La Fundación, aprovechando la conmemoración de la primera vuelta al mundo (1519), proponía convertirlas en un museo naval.

Según el proyecto de Vázquez Consuegra, no se trata de un vestíbulo sino de un espacio interior que se vierte en la calle, en un espacio público abierto: una plaza. Un museo nuevo no es prioritario mientras no se regenere el museo arqueológico de Sevilla o la ciudad no disponga de uno en el que se contemple, se recuerde y se aprenda sobre la expansión física a lo largo de la historia y las características culturales de la ciudad. Un hermoso museo concebido como un grande, exhaustivo y entrañable álbum de familia.

Por su parte Ben Baso, asociación que agrupa a profesores defensores del patrimonio cultural en Andalucía, identificó en el proyecto de Vázquez Consuegra, "dos enormes errores del proyecto: romper con el volumen original y no tener resuelto el problema del apoyo del nuevo edificio en el antiguo, llegándose a oír soluciones como la de introducir micropilotes en los pilares alfonsinos". Según tengo entendido, el nuevo proyecto ya no altera el volumen original porque la intervención ha quedado muy reducida. No se trata de una reconstrucción (no tendría sentido) ni de una restauración. Se introduce un nuevo uso con el fin de enriquecer el espacio público incluso abriendo un itinerario para unir la Catedral al río a través del Postigo.

Al fusionarse Cajasol, (antiguas Caja San Fernando y El Monte) con el banco catalán La Caixa, el proyecto premiado se fue a pique originando así un denso conflicto estrictamente político que perjudicaba gravemente a la ciudad y dejaba en mala posición a la Consejería de Cultura debido a la decisión unilateral adoptada por el Ayuntamiento presidido por Zoido que, rompiendo un compromiso previo, acordó autorizar a la Caixa a trasladar su Centro Cultural a la criticada Torre de su propiedad. Un irreversible error.

La solución salomónica finalmente fue consensuada a partir del compromiso de las partes intervinientes: Caixa, Junta y Ayuntamiento para ejecutar los dos proyectos bajo la responsabilidad del mismo arquitecto pero con una intervención seriamente disminuida en las Atarazanas donde, según convenio firmado funcionará un imprevisto, no conocido e improvisado Espacio de diálogo con América.

Peor es nada. Después de tanta desidia institucional frente al monumento, poco es mucho. El éxito ahora, dependerá de los sevillanos; siempre y cuando no manifiesten su opinión con rotundos silencios, sino con aportaciones rigurosas y al mismo tiempo creativas. Quiero decir que sería oportuno preparar en detalle el plan de acción; supondrá intensificar las relaciones con todas y cada una de las Instituciones: academias de Historia, sociedades colombinas, americanistas, museos, artista e intelectuales de los países americanos y de otras partes del mundo. Su colaboración proactiva resultará indispensable. Solamente así la propuesta sería un apoyo para que Sevilla, la capital del mundo durante setenta años en el siglo XVI, recupere su imagen referencial histórica.

En mis visitas a algunos países americanos, he tenido la impresión -ojalá equivocada- por ejemplo que, más tesis doctorales sobre América no independiente se hacen en universidades de Cataluña antes que de Andalucía porque sorprendentemente, los catalanes invirtiendo menos que los andaluces -basta revisar los proyectos de cooperación-, obtiene mayor imagen y beneficios. En América Cataluña es más española que en la península.

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