Las dos orillas

josé Joaquín / león /

El Ateneo como las cofradías

LAS elecciones en el Ateneo de Sevilla han recordado demasiado a las de una cofradía. Quizá, por su ubicación en la muy céntrica calle Orfila, se hubiera podido pensar que eran votaciones de Los Panaderos. Pero no. La Real e Ilustre Hermandad del Ateneo celebraba su convocatoria con dos candidaturas: la de Alberto Máximo Pérez Calero, que se presentaba a la reelección (como casi todos los hermanos mayores mientras pueden) y la de Anselmo Valdés, que encabezaba la candidatura del sector crítico, los que se quejaban de la gestión de la junta de gobierno. Y, como suele pasar, ganó el que se presentaba a la reelección.

En otros tiempos, el presidente del Ateneo era Pepito Caramelos, sí o sí. Durante muchos años, se pensó que este cargo estaba creado para José Jesús García Díaz, que tuvo otras ocupaciones en Sevilla, incluso una gestión municipal, pero ante todo era el presidente del Ateneo. En aquellos tiempos de cambio de régimen, los cargos parecían muy estables en eso que ahora se llama la sociedad civil sevillana. Y, en realidad, los cargos daban lo mismo, sobre todo en las cofradías, pues se sabía quien mandaba. Revisabas la nómina del Miércoles Santo, un suponer, y no había que ser tan listo como Aristóteles para saber quién mandaba en esta o en la otra.

Con la democracia, en varias instituciones de la sociedad civil (y en todas las cofradías) se limitaron los mandatos, normalmente a un máximo de ocho años, por dar fluidez. Al principio, siguieron mandando los mismos, de alguna manera. Pero se entró en una dinámica novedosa de ya no saber quiénes eran los hermanos mayores, o los que mandaban sobre los hermanos mayores, por lo que esa confusión fue en aumento. Además proliferaron las elecciones con dos o tres listas, que por un lado se consideran un síntoma de democracia interna, y por otro de desunión, pues estas instituciones no son políticas.

Todavía hay muchos sevillanos que sólo ven el Ateneo como la institución que organiza la Cabalgata de los Reyes Magos. Esto es, que tiene fijada su estación de penitencia y gloria para la tarde del 5 de enero. Pero ahí, como en las cofradías, se debe hacer hermandad durante el resto del año. No decir a la entrada de Baltasar eso de "hasta el año que viene, si Dios quiere". En otras ciudades, incluso en Madrid, también hay un Ateneo, aunque sin cabalgata. En Sevilla convocan otras actividades, que no deben pasar sin pena ni gloria.

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