Atropello en la Campana

No se puede consentir que los autobuses de Tussam se conviertan en potencialmente peligrosos por sus fallos

El escalofriante accidente de un microbús de la línea C-5 en la Campana no puede ser despachado con la teoría de la resignación. ¿Era inevitable? Tampoco basta con retirar los cuatro microbuses de la marca Mercedes (eléctricos, por cierto) como los que originaron el siniestro, en el que dos mujeres sufrieron graves heridas. Imaginen que un microbús se va a empotrar contra el escaparate de Zara, en la esquina de la plaza del Duque y la Campana, a las 15:15 del sábado 7 de diciembre, en pleno puente de la Inmaculada, con el centro repleto de público. Lo primero que pensaríamos es que originaría varias víctimas mortales. No ha sido el caso. Aunque la foto de la mujer estrellada contra el escaparate es terrible. Que el accidente no haya tenido peores consecuencias se debe considerar un milagro, quizá porque el lugar está bastante santificado, ya que por esa esquina pasan los Cristos y las Vírgenes en Semana Santa, antes de entrar hacia el palquillo. O habrá sido que la Concepción, que es vecina, salió al quite en sus vísperas.

La teoría de la resignación no puede valer para un caso como éste. Es muy grave que dos microbuses de la misma línea, la C-5, hayan sufrido sendos accidentes en la plaza del Duque, en apenas cinco días. Dos vehículos que tienen poco más de un año de antigüedad y están en garantías. Es tan fuerte que el alcalde, Juan Espadas, debería dar explicaciones públicas sobre lo que está ocurriendo con los autobuses de Tussam y los accidentes en un mes de noviembre funesto. Con esto no digo que la culpa sea del alcalde. No le corresponde a él vigilar el estado de los autobuses, ni arreglar los desperfectos que puedan sufrir, ni inmovilizar a los que soporten deficiencias. Pero Tussam es una empresa municipal, por lo que el Ayuntamiento tiene responsabilidad en este asunto. No se puede consentir que los autobuses urbanos se conviertan en vehículos potencialmente peligrosos, a causa de sus fallos mecánicos. Cuando sucede dos veces, en una misma semana, a dos microbuses de la C-5, significa que algo se hizo mal.

Otro aspecto para la reflexión es el tráfico en el centro de Sevilla durante los días en que se encuentra más concurrido. Se supone que hay restricciones, pero un accidente como este (aunque sea causado por el transporte público) ha desmentido ese tópico de que el peatón es el rey de la ciudad. Tanto semipeatonalizar, tanto hablar en la Semana de la Movilidad, para que después ocurran accidentes como el de la Campana, que sólo imaginaríamos en una ciudad tercermundista o en la película de los ángeles de Charlie.

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