Cuchillo sin filo

francisco Correal

Diez del diez

POR lo visto, mi hijo Paco y yo llevamos diez años siendo herramientas del patriarcado para someter políticamente a su madre, a mi mujer. Nació el diez del diez de hace diez años a las diez de la mañana. Un niño matrícula de honor. Esa teoría esquizoide forma parte de un colectivo que dicen llamarse las madres arrepentidas de la que un periodista hablaba por la radio con total naturalidad, como si lo hiciera de la teoría de la relatividad o las galaxias espirales.

En una perfecta sinfonía de tiempos, el día que le dieron el alta a mi mujer, 12 de octubre de 2006, me comunicaron la noticia de que había fallecido mi padre, al que yo y mi hijo le debemos nuestros nombres. Un relevo biológico en toda línea. Mi padre, de quien más que nadie es el cumpleaños del décimo de sus nietos, cumplió diez años el último día de 1935. Su primer Año Nuevo fue el de 1936, el año más viejo de nuestra historia reciente. Yo fui la primera de las cinco herramientas que diseñó para someter políticamente a mi madre, la mayor de los ochos hijos, siete féminas y mi tío Blas, que diseñó mi abuelo Andrés, el maestro panadero, para someter y sojuzgar a mi abuela Carmen, del mismo pueblo que la madre de Pedro Almodóvar, y que murió casi niña y dormida con el honroso récord de no haber acudido nunca a la consulta de un médico.

Yo cumplí diez años el año que mataron a Robert Kennedy. Soy del segundo Kennedy y mi hijo nació en el crepúsculo del segundo Bush. En ocho de sus diez años de vida Estados Unidos ha sido gobernado por un presidente negro y España ganó un Mundial y dos Eurocopas. Nació el año del cabezazo de Zidane a Materazzi en la final del Mundial de Alemania. Diez años después, aquella testa que dejó en mal lugar a tan buen cerebro entrena al equipo en el que militamos los tres Pacos, el abuelo, el padre y el hijo. Tocayos de Paco Gento. El Madriarcado.

En la teología del siglo XXI, hay una reivindicación de la femineidad de Dios. No es una extrapolación del feminismo bienpensante, sino la constatación empírica de que no hay nada que más se le parezca a la Creación que el nacimiento de una criatura. El patriarcado es un exotismo al lado de ese poder de la naturaleza que te hace regalos como estos diez años de asombro permanente, de insaciables porqués, cómos y cuántos.

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