El balcón

Ignacio / Martínez

Ni A, ni B

EN el nuevo Gobierno hay cuatro andaluces y a ninguno lo ha puesto ni A ni B; ni Arenas ni Bonilla. Un síntoma. Ya sabemos que el presidente es quien nombra, pero funcionan otros factores: familia, territorio, género, filias… Arenas sigue siendo amigo del presidente, pero más para la confidencia que para la influencia de antaño. Sin embargo, poco queda de su antigua amistad con Zoido, a quien metió en política. El nombramiento de Zoido ha sido una clara derrota de Arenas, enfrentado en la actualidad a sus antiguos pupilos del PP sevillano (los Bueno, Tarno, José Luis Sanz y compañía). Y, por las mismas, también una contrariedad para Juan Manuel Moreno Bonilla, que une a su débil liderazgo sobre el partido en Andalucía el permanente desaire sevillano. En los círculos de B en Málaga cuando se mencionaba a Zoido era para desearle un pronto retorno a la judicatura. (Por si acaso, Zoido en las últimas semanas le ha hecho la pelota en Twitter a partes iguales a Rajoy y a Juanma).

En su nombramiento como ministro del Interior ha podido más el favor de Cospedal y el agradecimiento de Rajoy por hacerse cargo del PP andaluz en 2012, tras la depresión de Arenas al fracasar su asalto a San Telmo. Aquello produjo un período de dos años de deficiente liderazgo regional, y el deterioro de su prestigio como alcalde de Sevilla, por la doble responsabilidad. Mal negocio a corto, incluida la pérdida de la Alcaldía, aunque rentable al final.

Del segundo nombramiento también son ajenos A y B. Además de por sus méritos, Fátima Báñez fue promocionada por Arenas desde Huelva por contraponerla a una familiar disidente del partido, y para orillar a un diputado que no era santo de su devoción. El superlíder la colocó de coordinadora de la Presidencia del PP andaluz, cuando dejó en el cargo a Teófila Martínez en 1999. Capaz de generar empatía en su entorno, Báñez acabó llevándose bien con Teófila en Sevilla y en el Congreso con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, cuyo aprecio le valió entrar en el anterior Gobierno. Ahora, convertida en un peso pesado, está adscrita a esta influyente familia. El grupo de sorayos, al que pertenece Bonilla, conserva mucho poder. En esa misma cofradía profesa el ministro de Hacienda Montoro, jiennense de cuna y madrileño de adopción. Queda Dastis, jerezano de nacimiento, un diplomático, cuyas virtudes estrictamente técnicas le ahorran cualquier bandería.

Cospedal y Soraya han tenido más influencia en los nombramientos de los cuatro andaluces que A y B juntos.

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