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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

¿Qué hay de lo mío?

Marcos Benavent es una de las figuras míticas de la caída a los infiernos del PP como organización, cuando el centro del agujero de entrada en el Averno estaba en Valencia, donde eran obligados los pelucos de a kilo -de gramos y de pesetas- en la muñeca, la derecha, de cracks del golferío como Ricardo Costa, hermano de uno de esos ministros del último Aznar, un presidente a la postre tan infausto. El rescate bancario español es debido a gente como ellos, un flotador y una roncha eterna, muy valenciana y madrileña, y muy de aquel partido, hoy un ave fénix con lumbago que ha pagado en escaños como ningún otro su adicción al trinque. De hecho, Benavent, que mutó de nuevo pijo en santón hindú asado de rayos UVA, se declaró "yonqui del dinero" ante el juez. Aun antes, este otro ganador-para su coleto, lo fue- de aquellos tiempos vergonzantes montó una peluquería que en realidad era una lavandería de dinero robado con la política, a la que bautizó con máximo cinismo y no poca gracia "Qué hay de lo mío". Échale rostro.

El "qué hay de lo mío" es algo españolísimo. Recuerden a Jaume Canivell, fabricante de porteros electrónicos catalán que costea una memorable cacería de imposturas, mercadeo de contactos y mangazos en La escopeta nacional de Berlanga, un crisol y un aleph cinematográfico de la esencia más esperpéntica de este país. Lejos de mí la voluntad de equiparar a los sindicatos de clase españoles -CCOO y UGT- con aquellos arrebatacapas levantinos -de levantar- de cuello de chófer italiano, aunque los dineros de la formación que volando iban y volando venían de la eurocracia en Bruselas no fueron ajenos al diezmo de unas organizaciones de defensa del trabajador que fueron tan indispensables para la transición democrática. Ahora, se marcan un "qué hay de lo mío", también ellos en radical metamorfosis y al final de un ciclo: todo está sujeto a alguno, es cuestión de dejar pasar el tiempo. Esta semana supimos que CCOO y UGT, juntitos siempre desde hace mucho, reclaman que Sindicalismo sea una asignatura de los programas lectivos comunes en carreras universitarias como Económicas (en la otra orilla, también hay mucho piernas de lo suyo que quiere imponer Emprendimiento o Bolsa y Mercados financieros en los currículos básicos, y si es desde la tierna infancia, mejor). Se malicia uno que lo que en realidad se pretende con esta nueva exigencia de que "lo mío" sea universitario --y no sólo en los programas de cátedras patrocinadas-sea para evitar que el sindicalismo de finales del siglo XX no sea un mero tema dentro de Historia Económica.

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