Visto y oído

Antonio / Sempere

Como si nada

DURANTE años brilló el Sol de medianoche'. Esta vez no supimos de él. Lo triste es que nadie lo echara de menos. El Sol de medianoche era un espectáculo multimedia organizado por las televisiones públicas a golpe de talonario. Que más tarde, sin embargo, se emitía casi de hurtadillas en canales muy poco vistos, como cubriendo un expediente. Una de las ediciones más celebradas, una de las más caras para nuestro erario público fue aquella en la que los componentes del grupo La Fura dels Baus viajaron a la estación de tren de Canfranc y montaron un circo impresionante.

Tampoco anduvieron a la zaga los del centro territorial de Galicia cuando con motivo de un Año Santo Compostelano subieron las cámaras a los mismísimos tejados de la catedral para rodar desde allí las actuaciones de grupos con sabor céltico. Pero dos días después, cuando los días 2 de enero mirábamos las cifras de espectadores, nos desayunábamos con que cualquier tontería, cualquier refrito y cualquier idiotez de las emitidas en el resto de señales, centuplicaba a la de seguidores del Sol de medianoche.

Este año, por el contrario, La 2 ha sido muy pragmática. Y en la decisión de ir a contracorriente, programó su Nochevieja como la de un miércoles más. Llevando su ya de por sí invisible Zona documental a los territorios de las campanadas. Las cajas españolas, espléndido trabajo de Alberto Porlán, se convirtió sin comerlo ni beberlo en la oferta televisiva de quienes optasen por una Nochevieja diferente, más parecida a la de un canal temático que a la de una televisión generalista. Visto lo visto y oído lo oído en las restantes, he de decir que conectarse con este relato sobre los cuadros del Prado salvados en plena guerra civil fue una manera muy sensata de empezar el año.

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