alto y claro

José Antonio Carrizosa

Los unos y los otros

SI Cristóbal Montoro, ese peculiar político y exótico ministro de risilla sarcástica incrustado por el PP en la lista de diputados por Sevilla, se hubiera propuesto azuzar el enfrentamiento entre el Gobierno de la nación y las autonomías que no son de su cuerda, no le hubiera salido mejor. La reunión que celebró el martes el Consejo de Política Fiscal y Financiera evidenció torpeza estratégica en el momento en el que España se está jugando su solvencia en los mercados internacionales y Rajoy está perdiendo el poco crédito que le quedaba dentro y fuera del país. A Griñán le puso en bandeja envolverse en la bandera blanquiverde y reafirmarse en el papel de ese Astérix que resiste hoy y siempre al invasor que tan rentable en términos políticos le está resultando.

Intentar que Andalucía, que empieza a tener problemas financieros muy serios para cumplir sus compromisos, aceptara disciplinadamente un recorte adicional de 2.700 millones para el presupuesto de 2013 era, sencillamente, una provocación. No se olvide, entre otras muchas circunstancias que Griñán se lo juega todo en ese presupuesto, en el que va a estar sometido a una enorme presión por sus socios de Izquierda Unida. Y no están los tiempos para arriesgarse a un Gobierno en minoría o a convocar elecciones mucho antes de tiempo.

Quizás por esa presión o porque las cosas están como están y los nervios a flor de piel, la respuesta que se diseñó en San Telmo al órdago lanzado por Montoro se pasó de frenada. La apelación del presidente Griñán a una suerte de extraña rebeldía institucional y al cierre masivo de hospitales y colegios pecó, cuando menos, de excesiva. Sobre todo teniendo en cuenta por cuántos sitios podría empezar a meter las tijeras antes de cargarse la sanidad y la educación.

A veces, demasiadas veces en los últimos meses, tiene uno la impresión de que los ciudadanos o los medios de comunicación son mucho más conscientes de lo que nos estamos jugando que los políticos que nos han tocado en suerte en esta coyuntura tan dramática. España está en una situación de emergencia, incluso de catástrofe para los muchos millones que no pueden acceder a un puesto de trabajo y ven cómo los sistemas de protección social se desmoronan. Lo peor es que nadie asegura que hayamos tocado fondo e incluso todo apunta a que si algo puede ir peor en el futuro más inmediato seguramente irá. En este contexto todo lo que no sea sentido de Estado sobra y no parece que andemos sobrado de ello.

Los espectáculos de esta semana son para preocuparse. Los que se han dado en Madrid y también la respuesta que han tenido en Sevilla. Un mínimo de sentido común exigiría a los unos y los otros no perder más el tiempo y ponerse en serio a buscar soluciones que bajen la crispación y sirvan para que este país empiece a funcionar.

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