Visto y oído

Antonio / Sempere

Los nuestros

NO sé si cuando vean la luz estas líneas se habrá hecho público que alguno de los nuestros va a recoger su Premio Donostia en el Festival de San Sebastián. A Maribel Verdú o a José Sacristán. Deberían dárselos. Optan a las Conchas, pero más vale pájaro en mano. Al escribir esto ya iban por el cuarto galardón. Primero se publicitó el de Oliver Stone. Después el de Ewan McGregor. Más tarde el de Tommy Lee Jones. Por último el de John Travolta. Todos, con una película bajo el brazo. Ha bastado con que confirmen su presencia en el Festival para que se pacte el galardón, en esta fiebre de mitomanía por los premiados hollywoodienses. Pero si descontamos la inauguración y la clausura, y contando los cuatro premios que ya se han publicado, aún quedan tres noches libres.

Nos faltaría el premio a una mujer heroína del cine nacional, que también nosotros tenemos motivos para estar orgullosos de lo nuestro. Y del mismo modo que otros que pasan por allí a presentar películas, aprovechando que van a promocionarlas, de paso, recogen un premio honorífico, por qué nuestra queridísima, potentísima y reconocidísima Maribel Verdú no podría tener derecho a contar con su propia noche de gloria, en vida, y con todo un futuro de cine por delante. Va a presentar Blancanieves, de Pablo Berger. Pero la ocasión la pintan calva para, de rebote, como a Travolta, a Lee Jones, a McGregor o a Stone, tributarle nuestro homenaje, y regalarle el Premio Donostia más bonito de cuantos compondrían el lote. El más nuestro. O, por qué no, a don José Sacristán. Al maestro. Qué tendrán Travolta, Lee Jones, McGregor y Stone que le falte a nuestro querido Pepe, el director, el actor, el amigo, que va a presentar El muerto y ser feliz de Javier Rebollo. Serían dos Premios Donostia hermosísimos. Harían que algunos nos pusiésemos en pie como si premiasen a una parte de nosotros.

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