Crónica personal

pilar Cernuda

Barbarie

FRANÇOIS Hollande lo ha calificado como una barbarie. Houellebecq, como "náusea". El novelista francés protagoniza estos días una fuerte polémica con Sumisión, el libro que ayer salió a la venta, y que se desarrolla en el año 2020, con un presidente musulmán en el Elíseo.

Los islamistas no olvidan. El semanario Charlie Hebdo publicó tiempo atrás unas caricaturas de Mahoma, y los terroristas pasan factura. Las amenazas de antaño las han convertido ahora en un escenario de horror, destrozo, sangre y cuerpo rotos. Charlie Hebdo ha pagado duramente su apuesta por la independencia, por ejercer su derecho a que los lectores pudieran seguir la actualidad a través de la sátira inteligente. Pero los terroristas no entienden de independencia, de libertad, de información ni de sátira, y un grupo de ellos ha entrado en la sede del semanario, armados hasta los dientes, y dispararon indiscriminadamente contra toda persona que encontraban a su paso.

Su odio es irracional, inhumano, fanático y visceral. Muy peligroso porque además a esos sentimientos y esa actitud se une la convicción de que no hay mayor mérito ante su dios que morir matando, no hay mayor premio que inmolarse en su nombre, no hay mayor heroicidad que asesinar a los que consideran infieles.

En España conocemos bien las consecuencias del terrorismo islamista. Casi doscientas personas perdieron la vida en Atocha, el atentado más grave cometido en Europa, y varios centenares más han sobrevivido pero sufren secuelas incurables. España es además objetivo prioritario porque durante siglos fue la joya de la corona islamista, Al Andalus, la tierra que aún hoy consideran propia y los musulmanes quieren conquistar.

Debemos extremar las precauciones. España es, con Italia, el país europeo por el que entran mayor número de inmigrantes musulmanes, y aunque sólo una minoría de ellos no sea trigo limpio, no se puede bajar la guardia. Una de las prioridades es poner obstáculos para que España no sea camino de paso para quienes quieren sumarse a la lucha terrorista, pero otra es mantener una vigilancia permanente hacia regiones como Cataluña, Aragón, Madrid, Ceuta y Melilla, donde desgraciadamente se han detectado focos que provocan inquietud.

Contra el terrorismo no caben paños calientes, ni justificaciones, ni tibiezas. Porque mientras se duda sobre cómo tratarlos y qué medidas se pueden utilizar para debilitarlos, ellos entrenan a su gente para que entren a saco.

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