desde mi córner

Luis Carlos Peris

Beñat, como uno más de 'La Roja'

Con su recital de fútbol en Pasarón, el vasco dio la impresión de que llevaba cincuenta partidos con el campeón

PARTIDAZO, disertación de alta escuela según se juega de centrocampista, el que se marcó Beñat antier noche en Pasarón. No debe ser fácil entrar de nuevo en el mejor equipo del mundo y que te la echen a la voz. Me imagino que dentro del campo hay que hacerse valer una barbaridad para que Xavi y la compaña te den el balón en cuanto lo pides. Eso rara vez se consigue y los primeros partidos de cualquier futbolista en un equipo tan bueno como la selección española suelen ser de adaptación y de ir cogiendo confianza, primero en sí mismo para, a renglón seguido, gozarla de los compañeros y eso Beñat lo ha logrado.

No sé en qué nivel viviría el vasco actualmente si no le hubieran hecho perder tanto tiempo para rematar con una cesión al Conquense. Dicen que el físico no le acompañaba, pero con tanta falta como le hizo, le hace y le hará al Athletic un futbolista de ese talento parece incomprensible que lo dejara escapar. Sobre todo viendo las cantidades industriales de tuercebotas que se han vestido de rojiblanco. Dicen que fue Joaquín Caparrós el culpable del desaguisado, con lo que se demuestra de forma palmaria que el mejor escribano echa un borrón. Y la verdad es que este borrón de desprenderse de Beñat es capaz de manchar varias páginas de una sola tacada.

Daba gusto verlo jugar como si fuera uno más en el campeón del mundo y aguantando el partido entero. De Bilbao fue defenestrado por sus carencias físicas y Pepe Mel, el hombre que supo aprovechar el descubrimiento de Miguel Valenzuela, se ve obligado a dosificarlo. Del Bosque no tuvo que relevarle porque jugando al lado de gente tan principal, los esfuerzos deben ser menores. Espaldarazo, por tanto, para el centrocampista bético como jugón de talento y perla rutilante para un club que me imagino en la disyuntiva de no saber qué es mejor, si el cartel que va cogiendo Beñat o disfrutarlo sin moscones que lo quieran. Y es que, a veces, no se sabe qué procede.

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