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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

Bésame mucho

Felipe Alcaraz escribe novelas y su hijo Lucas le ganó al Madrid con el Granada con el único autogol de Cristiano

Uno de sus personajes se salió de la novela. Felipe Alcaraz es con diferencia uno de los políticos que mejor maña se da con la literatura. Como en su propia concepción de la política, en las historias que cuenta la ternura y la dureza son parientes muy cercanos. Tiene un humanismo que más de L'Humanité viene del compromiso histórico de Palmiro Togliatti. Su última novela se titula La mujer invisible (Almuzara) y la introduce una certera glosa de Pilar del Río. El personaje principal, y todos los secundarios que le acompañan a lo largo de la historia, está siempre en la calle. La calle donde vivo es un palacio, se podría decir parafraseando al Max Estrella de Luces de bohemia, la obra más callejera de la literatura española.

En una entrevista a Pepe Mel por su cuarta novela, hablábamos de la similitud entre el entrenador y el novelista. Aquél siempre tiene que dejar fuera a alguien y escribe una historia que la realidad le va cambiando. En la literatura ocurre al contrario: la ficción le cambia las tornas a la realidad. No sé si alguna vez habrá hablado de estas cosas Felipe Alcaraz con su hijo. Lucas Alcaraz está ahora sin equipo y en vez de escribir novelas como Mel comenta partidos en Canal Sur. En el currículum del vástago del político figura con letras de molde que en una de sus etapas en el Granada debutó con un triunfo sobre el Real Madrid. De los muchos goles que Cristiano Ronaldo marcó en España, ahora recordados por su antiguo patrón Florentino, el único que marcó en su portería fue en Los Cármenes. Con Alcaraz en el banquillo.

La mujer insivible de la novela está siempre asomándose al borde de todos los precipicios en un permanente autogol. Maneja Felipe Alcaraz un sentido del humor que nunca chirría porque nace en la compasión, a veces en la tristeza. No saben los profesionales de la vulgaridad lo cerca que están en los labios la sonrisa de la congoja. En su novela una mujer toca el acordeón mientras una y otra vez canta Bésame mucho. La veo todas las noches cuando salgo del periódico y he estado a punto de decirle que sale en una novela. En la otra esquina se pone un joven que toca el contrabajo, con un perro dormido a sus pies. Una noche se levantó para estirar los brazos y las piernas. La mujer cantaba y tocaba Bésame mucho. El contrabajista dejó el instrumento sobre la funda, acarició a su perro y se puso a silbar la canción de la mujer. Como si fuera esta noche la última vez...

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