Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un Betis-Fiorentina para la nostalgia

SIN ganarle a casi nadie, el Betis anda redondeando una temporada poco ilusionante, pero su infantería es tan numerosa y fiel que ahí sigue, dando ejemplo de ambos aspectos. Con una cifra de socios desmesurada en Segunda División y al alcance de poquísimos clubes de Primera, el beticismo no mira para otro lado por muchos motivos que le den para hacerlo, por muchos desaires que le hagan dirigentes y hasta algún futbolista.

Y en este estado de cosas, con club y equipo lejos del nivel de su masa seguidora, mañana se presenta ante los suyos. Una presentación como a la antigua usanza, contra un rival de prestigio, un histórico que, además, llega con el toque sentimental de la presencia de Joaquín. Joaquín es el último gran talento surgido de las entrañas del Betis, la última perla de otro estamento del club maltratado y que sobrevivió milagrosamente, por esas cosas que rara vez pasan, la cantera.

Pero como darle énfasis a los problemas del Betis es como machacar en frío recordemos que este Betis-Fiorentina de mañana noche tuvo una vez un precedente. Pasado mañana se cumplen cincuentaitrés años de aquel choque con los viola. Un partido que está grabado en lo mejor de la historia verde, blanca y verde porque en los prolegómenos se firmaron las escrituras por las que el Stadium de la Exposición pasaba a propiedad del Real Betis Balompié.

Era aquél un Betis muy distinto al actual, con Benito Villamarín pletórico patroneando la nave. Aquel 12 de agosto de 1961 es posible que sea el día más trascendental en la centenaria vida del club y ahora, con la coincidente presencia del histórico club de Florencia, no está de más recordarlo. Sobre todo porque, aparte la fidelidad del beticismo, apenas se dan los motivos a resaltar en este tiempo de rumbo errático y de actuaciones sencillamente inexplicables.

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