EL 31 de mayo de 2009 ha entrado de lleno en el listado de fechas negras de la centenaria historia del Real Betis Balompié. El décimo descenso se ha consumado por mor de la incompetencia del equipo, incapaz de conseguir en el campo lo que era exigible a unos futbolistas de su nivel, pero sobre todo por la gestión de un dirigente alejado de los tiempos que corren en el fútbol. Al margen de las medidas que habrá que adoptar en el terreno meramente deportivo, parece evidente que el análisis del desastre debe partir de la personalidad de su máximo accionista, Manuel Ruiz de Lopera y Ávalos, el hombre que se vanagloria de haber salvado al Betis de la desaparición y que lo ha abocado a un callejón sin salida aparente. Parece claro que la actual situación exige cambios en profundidad en la sociedad bética y que el futuro pasa por la salida de Ruiz de Lopera. Pero no hay que olvidar que Lopera es el propietario del paquete mayoritario de acciones y que su marcha sólo puede venir determinada por la venta de su participación a un tercero. Es un problema de precio. Si hasta ahora el accionista mayoritario no se ha desprendido de su paquete es porque nadie ha querido pagarle lo que ha pedido. Ahora, con el club en Segunda División, la cotización del Betis baja y el proceso se adivina extraordinariamente complejo. El club tendrá mayores posibilidades de culminar con éxito esta operación si de alguna forma puede ser liderada por una parte de la masa social bética. Sería un error, en cualquier caso, afrontar la salida de Lopera como una guerra con vencedores y vencidos o plantearla como una causa general contra su gestión. Sólo así será posible un acuerdo para que el propietario mayoritario venda y se avenga a abandonar definitivamente la dirección del club. De esta manera podrá adaptarse el Betis a los tiempos que corren en el fútbol. El descenso, desgraciadamente, ya es un hecho consumado. A la afición le queda ahora pasar por el infierno de la Segunda. Pero de esta experiencia puede y debe salir un nuevo Betis en el que Manuel Ruiz de Lopera debe quedar ya sólo como parte de la historia del club verdiblanco.

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