Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

El Betis, ante el peligro de abortar su crecimiento

La perentoriedad de hacer caja a base de la venta de varios de sus pilares, un despropósito

Colea, y lo que te rondaré, el adiós de Setién, van publicándose detalles que conocían sólo unos pocos y a fuer de ir desvelándose más me reafirmo en la caballerosidad del cántabro y en el paso atrás que se ha dado en el crecimiento del Betis, por siempre y para siempre Real Betis Balompié. No ha dicho Setién una palabra más alta que otra sobre su estancia en el banquillo bético, aparte de confesar que su relación con Serra era correcta.

Y ahora queda lo más duro por delante en el sevillanísimo club de las trece barras con corona. Se trata de que aquel ilusionante proyecto en el que la meta europea se fiaba para tres años y que se logró sólo en uno no acabe por hacerse trizas. Es una empresa complicada que más se complicará si la perentoriedad de hacer caja se basa en la venta de los mejores futbolistas. Sobre todo si esa operación comercial se lleva por delante a más de uno de los pilares del plantel.

Si ya el primer paso fue vender a Fabián, ese futbolista que a la vuelta de su cesión en Elche estuvo a punto de ir al Barça por sólo un millón de euros, ahora sería un destrozo para el plantel la venta de varios elementos vitales para que el crecimiento no se aborte definitivamente. Aquella pírrica venta del palaciego la abortó precisamente Setién a través de una pretemporada en la que el futbolista respondió a la confianza del entrenador con aquel golazo al Milan en uno de sus bolos.

De ir al Barça B por una miseria, Fabián se fue al Calcio por una millonada para llegar a la internacionalidad. Fue una operación provechosa en lo económico y no muy cruenta para el equipo, pero otra cosa sería si cuaja parte de esa serie de rumores que colocan a Lo Celso, Júnior y Pau lejos de la órbita verdiblanca. Tres futbolistas vitales que sería muy difícil reemplazar sin que el equipo se resienta. Y mientras Setién habla sin ofender, a ver cuál es el retrato robot del entrenador.

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