La ventana

Luis Carlos Peris

Bill Clinton, un erudito catedralicio

SABE más de la Catedral de Sevilla que el mismísimo don José Hernández Díaz que levantase la cabeza. Cuando Bill Clinton se dio de cara con la temperatura tras un calor infernal en Dubai quiso rememorar una visita que ya hizo en 1969 "cuando era un estudiante no pobre, sino pobrísimo". Confesó impresionarse con el volumen del templo, pero donde se extasió fue ante el retablo, confesándole a Juan Salas, cicerone de lujo, "que no había nada igual en el mundo". Pidió ver el Santas Justa y Rufina de Goya, "uno de los pocos cuadros que se firmaron en esa época" abundó, se recreó en el patio de los Naranjos y se fue encantado de esta segunda visita a la Catedral. Igual que en su día pidió contemplar el ocaso granadino desde el mirador de San Francisco, antier, justamente en el día que se producía el relevo en la sede de Leandro e Isidoro, Bill Clinton pidió rebozarse de ella, de la Catedral de Sevilla.

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