Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Boicotear el progreso

En Sevilla el alcalde se ha plegado a las exigencias del taxi sin ningún tipo de presión: no quiere conflictos

El alcalde Juan Espadas sabe que lo que menos le conviene en estos momentos y le va a aconvenir en los próximos meses es un conflicto de esos que se enquistan y son capaces de poner la ciudad patas arriba. También sabe, porque para eso es político de larga trayectoria, que ahora lo que toca es poner encima de la mesa del nuevo Gobierno andaluz problemas, cuanto más numerosos y más difíciles mejor. Esta doble circunstancia explica la actuación municipal de las últimas semanas con respecto al problema de taxi. El Ayuntamiento le quiso pasar la patata caliente a la Junta tras acordar con los taxistas justo los que ellos querían: un plazo de entre media y una hora obligatorio para reservar anticipadamente el servicio de un Uber o un Cabify. Esto, que ya ha provocado el anuncio de las dos plataformas de que dejarán de operar en Barcelona, supone ni más ni menos que se deja sin negocio a las dos compañías de vehículos de transporte concertado (VTC) que habían logrado una cuota importante de mercado en las principales ciudades. Allí se va a mantener el monopolio de los taxistas de toda la vida. En Madrid y Barcelona el pulso ha costado jornadas muy duras con las dos principales capitales españolas paralizadas. En Sevilla, los taxistas no han tenido ni que enseñar los dientes para que el Ayuntamiento se plegase: les ha bastado con señalar a la gala de los Goya de este fin de semana. Es cierto que la ciudad tiene por delante un calendario importante de celebraciones -además de eventos de todo tipo: ya se ven en el horizonte la Semana Santa y la Feria- y que las elecciones municipales se acercan cada día más. Por si todo esto no bastara, Sevilla sin taxis se bloquea, porque a diferencia de Madrid y Barcelona aquí no hay un metro que pueda ser una alternativa útil que lleva a cualquier sitio.

Si al final se consolida como norma la reserva anticipada para los VTC se hará imposible su continuidad y el taxi seguirá arrastrando sus mismos problemas. Cabify y Uber han logrado éxito compitiendo en servicio y en precio. Esta competencia ha hecho que muchos taxistas se pongan las pilas y que hoy plataformas como My Taxi puedan dar un servicio que no tiene nada que envidiar a los recién llegados, porque ofrece las mismas ventajas y la misma o mayor profesionalidad. El taxi tiene problemas que hay que abordar, pero lo que no puede hacer es boicotear el progreso, como no lo han podido hacer la banca o el sector de los medios de comunicación, entre otros muchos. Se trata de dar un servicio al ciudadano y ese servicio no puede estar secuestrado por unos pocos. Aunque ello le suponga un problema al alcalde.

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