SE ha hecho esperar. El proyecto del programa de Boris Izaguirre en las noches de La 1 empezó a rumorearse, empezó a ser, la pasada primavera. Pero ya se sabe que las cosas de palacio van despacio, y que el verano todo lo paraliza, como un larguísimo domingo. Pero ha llegado el mes de octubre, y Humanos y divinos está con nosotros desde el próximo lunes. El título no puede ser más apropiado. Si hay alguien que emplee la palabra divino con toda naturalidad, éste es Boris.

Lo dice con conocimiento de causa. Él, tan humano y divino, sostiene que aquellos a quienes admira son mortales, pero también tienen algo de dioses. Y de diosas. Está bien eso de mitificar. A mí me pasa como a Boris. Y es que tengo mucho en común con él. Cuando me lo presentaron, hace quince años, en el Festival de Cine de L'Alfàs del Pi, fue inevitable pensar que yo de mayor quería ser como él. Un contemporizador nato. La salsa en todas las fiestas. Un señor presumiblemente más leído y más curtido que lo que el personaje que ejercía podía dar a entender.

Un comunicador que curiosamente tuvo sus inicios televisivos, autonómicas aparte, en una cadena como Telecinco, para pasar después al glamour de un canal Cuatro en sus momentos más glamourosos, para desembocar en La Primera, el canal premium de la pública, y por si quedaba alguna duda justo después de Las chicas de oro. Con ese perfil de público se las tiene que ver Boris, el mismo Boris de Crónicas marcianas.

Después de nueve meses huérfanos de programas de entrevistas en la cadena pública, En noches como esta de Juan Ramón Lucas da el relevo a Humanos y divinos.

Por lo que intuyo, creo quedesde este lunes lo vamos a pasar muy bien.

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