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Borrell

La civilización, o si ustedes lo prefieren la modernidad, nace a partir de una supresión de los derechos "históricos"

Después de su extraña, de su inoportuna comparecencia en la BBC, don Josep Borrell ha vuelto en sí en el Foro España Internacional, donde se ha pronunciado sobre algunas cuestiones de importancia: una primera cuestión es que "no es posible un referéndum de secesión en España", como exige el cantonalismo airado que hoy aflige a Cataluña. Una segunda, más relevante, es que dicho refrendo no es posible, porque no lo es "en ninguna parte del mundo civilizado". Por motivos que ignoramos, este carácter incivilizado, esta naturaleza retrógrada del secesionismo, no se ha querido resaltar por ninguno de los gobiernos de España, con el resultado que todos conocemos: al frente de la Generalitat se halla un señor, probadamente racista, cuya labor principal ha consistido, hasta ahora, en injuriar y despreciar a la mayoría de los catalanes.

Algún día alguien nos explicará por qué la política española anda enfangada en una divertida guerra curricular, mientras el señor Torra preside, sin el menor escándalo, una región de España. Borrell, en su alocución del Foro, recordaba que la civilización era contraria al cantonalismo del señor Torra y el señor Junqueras, y ello por un motivo obvio. La civilización, o si ustedes lo prefieren la modernidad, nace a partir de una supresión de los derechos "históricos". Es decir, que para ser ciudadano de un país no es necesario acreditar un linaje, y tampoco una religión, una raza o unas costumbres. Basta con que el ciudadano se comporte conforme a la ley y guarde un mínimo decoro ante las instituciones patrias. En caso contrario, nos encontraríamos con una versión del Ancien Régime, pero aplicado a la burguesía pacata y melancolizada que representa el señor Torra. Con lo cual, si el señor Torra se corona como árbitro de la catalanidad fetén, no hará sino emular al Primer Estado, a la aristocracia de sangre que declina abruptamente en los amenes del XVIII. Pedir que el señor Torra comprenda esta evidencia acaso sea pedir demasiado. Pero pedir que lo recordemos el resto de los españoles quizá debiera ser obligatorio.

Si a algo le podemos llamar civilización ("ahora sabemos que las civilizciones mueren", decía Valery tras la Grand Guerre), es a este cauto despojarse de privilegios, marcas y excepciones que el señor Torra quiere aplicar en su utopía retardaria. Una utopía donde el señor Pujol, guía del pueblo y padre de la patria, pasaría de robaperas místico a príncipe de la sangre.

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