el periscopio

León / Lasa

Botellines a medio euro

Los salarios, y no solamente los precios, seguirán devaluándose. Bienvenidos a la vida 'low cost', que viene para quedarse

EN ocasiones, uno puede llegar a tener la tentación de pensar que prácticamente todo está ya escrito. Cuando oigo el blablablá memo de economistas, de políticos, de periodistas haciendo pronósticos todos fallidos, hablando -desde hace casi cuatro años- de "brotes verdes" y demás sandeces, no puedo sino recordar el sueño del faraón que José, el esclavo, trató de interpretar: por las riberas del Nilo pastaban siete vacas gordas y saludables que fueron devoradas por otras siete vacas enclenques y enfermas. Siete años de abundancia seguidos de siete años de escasez, o al revés, descifró José. Si fijamos el inicio de esto que hemos dado en llamar crisis en el 2007, siguiendo las enseñanzas bíblicas para el 2014 comenzaríamos a remontar este ciclo negativo. Y en eso coinciden los vaticinios más fiables de los que dominan el cotarro, banqueros y demás especímenes. Sólo falta que encontremos una cuarteta de Nostradamus que, en su infinita ambigüedad, nos confirme estas profecías. Así que, para el año que viene, a comprar coches nuevos, a viajar a Praga-Budapest, y a apuntar al niño a cursos en Dublín para que se emborrache con colegas españoles.

Pero hete aquí que, entre tanto pronóstico optimista, llega un alemán con aspecto de pastor luterano de película de Bergman y nos fastidia el comienzo del jolgorio. "España tendrá diez años más de crisis y una devaluación interna del 30%", augura Hans Werner Sinn, presidente del prestigioso instituto económico IFO en una entrevista con el diario El País. Glubb, pensamos tragando saliva. ¿Diez años más? ¿Devaluación interna del 30%? Si este hombre acierta -y lo que me da que pensar es que no tiene que comprar votos ni simpatías- nos espera una dramática travesía del desierto que no ha hecho más que empezar.

El economista alemán augura una salida del euro de algún país -Grecia- y una inevitable ganancia en competitividad de otros -Portugal y España sobre todo- a través de una fuerte reducción de salarios y precios... si es queremos seguir en ese club de pijos que es la Eurozona y en el que quizá nunca deberíamos haber entrado. Por lo demás Sinn vuelve a los mantras ya conocidos: la burbuja obscena de gasto de las naciones periféricas inflada con capital del norte, la impagable deuda externa española de más de un billón (sí, con b) de euros, la necesidad de más austeridad ahora o más sufrimiento en el futuro... En fin. Un grupo de amigos se alegra cada vez que se topa con un nuevo cartel a las puertas de un bar ofreciendo botellines a cincuenta céntimos.

Lo que ignoran es que esa rebaja, tarde o temprano, se trasladará también a sus salarios. Ha llegado la vida low cost. Para quedarse.

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