Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Buitreras

HOY viernes el Gobierno puede presentar el nombre del futuro presidente de RTVE, conducido al matadero político desde el primer instante cuando a él, precisamente, se le va a encomendar la labor de matarife de gastos y plantillas para unos años que se presumen más que catastróficos para la cadena pública. Sin el respaldo de un consenso, que en realidad sólo le serviría para tener un ligero margen de tiempo y confianza, el que ocupe la silla eléctrica de Prado del Reír no tiene más opción que entrar a degüello en las cuentas y en las parrillas. Y se le van a pedir todas las posibles cabezas en Informativos, donde se han concentrado los mayores cabreos del entorno del Gobierno, aunque de puertas para fuera se hable de "independencia" del futuro gestor. A Ana Pastor, la televisiva, se le ve estos días más resuelta que nunca en Los desayunos. Sabe que desde noviembre ha podido disfrutar de una propina de satisfacción personal.

Ya hemos visto que no vamos por un túnel al que no se le ve la luz, sino que estamos metidos en un hoyo-. Por eso el perfil de un candidato a presidente de RTVE ha cambiado mucho desde que en julio pegó el portazo el abuelo Oliart. Desde un candidato de espíritu romático y conciliador, la brújula fue desviándose hacia un periodista de corte duro para pasar a un tecnócrata de raza que no le temblara el pulso con los ceros. Y al final no sabemos si quien anuncie Soraya Sáenz de Santamaría será un prestidigitador, un iracundo verdugo o simplemente alguien que no sabe de verdad en el lío en que se mete.

RTVE, que tiene alma de disparate, sigue desorientada por un desierto abrasador por el que sobrevuelan los buitres de la política y las finanzas. Un cromo no demasiado diferente al de muchas empresas en estos tiempos. E incluso países enteros como el nuestro.

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