Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Caixafórum

El Caixafórum se convierte en una parte esencial de la oferta cultural de Sevilla y enraiza a Caixabank en la ciudad

En la ciudad indolente, donde se considera un valor asociado a su ADN que nunca pase nada, de vez en cuando sí pasa. Conviene proclamarlo a los cuatro vientos porque sirve para comprobar que el pulso, aunque bajo, late, que hay ganas de tirar adelante y que se manifiestan en cuanto se tiene oportunidad. Ha ocurrido en Sevilla hace un par de días con la inauguración del Caixafórum que ha promovido la Fundación Bancaria La Caixa y que está destinado a convertirse en uno de los principales dinamizadores sociales y culturales de la ciudad, con capacidad además para irradiarse a las provincias vecinas. Hace años que no se podía escribir algo parecido en Sevilla. Los últimos tiempos han sido tan escasos en realizaciones capaces de marcar el devenir de la ciudad que ahora que estamos ante una de ellas no podemos dejar de celebrarlo.

Con la apertura del Caixafórum y la puesta en carga, si es que así se puede decir, de la Torre Sevilla, Caixabank se reafirma como una entidad con un fuerte enraizamiento en la ciudad y eso es una buena noticia. Piensen en que hace solamente un par de años nadie daba un duro por estas realizaciones. El proyecto de instalar un centro cultural de primer orden lo tenía la caja desde hace años. Era un empeño estratégico por cuanto reforzaba su vinculación con el territorio tras haber absorbido Banca Cívica en el proceso de concentración financiera que provocó la gran crisis de 2008. Banca Cívica incluía a las que habían sido las dos cajas de ahorros sevillanas, San Fernando y El Monte. Esa herencia es la que recoge La Caixa y la refrenda con el proyecto de rehabilitación de las Atarazanas que le encarga al arquitecto Vázquez Consuegra para instalar ahí su centro cultural. El proyecto, como tantas otras grandes obras de Sevilla, no llega a ver la luz y su alternativa para el histórico emplazamiento continúa a estas alturas empantanado sin que nadie sepa cuándo se hará realidad.

Al mismo tiempo, La Caixa asumió el difícil reto de lograr que el rascacielos, bautizado ya Torre Sevilla, se convirtiera en un referente de prestigio en un momento en el que si algo sobraba en la ciudad eran oficinas vacías. Hoy con la crisis en vías de superación, el Caixafórun y Torre Sevilla son dos realidades que han hecho de la zona sur de la Cartuja, por la que nadie apostaba, en una nueva milla de oro, como dice con frecuencia el alcalde Espadas.

Contar con un foco cultural de la importancia de un Caixafórum es una aspiración compartida por muchas ciudades españolas. Hasta ahora sólo Barcelona, Gerona, Lérida, Tarragona y fuera de Cataluña Palma de Mallorca, Madrid y Zaragoza lo han conseguido. Tras la apertura del de Sevilla están en lista de espera Málaga, Bilbao y Valencia, por citar sólo las que más han sonado. El valor de un centro de estas características radica en la agenda de actividades que lleva asociado. Caixafórum tiene muestras que van rotando por sus diferentes ubicaciones y que suelen tener un altísimo nivel. En Sevilla se arranca con dos exposiciones de altura y en su programación esperan turno para los próximos meses más de cuarenta actividades entre conciertos, exposiciones, conferencias, proyecciones, encuentros y tallares.

Ahora lo que hace falta es que Sevilla aproveche la oportunidad y sepa utilizarla para hacer de su oferta cultural uno de los atractivos que la coloquen como referencia en España y en Europa. Para ello sería necesario dar estabilidad de una vez, con una financiación estable, al teatro de la Maestranza y a la Sinfónica y acometer la mejora y ampliación del Bellas Artes y la rehabilitación del Arqueológico. En la cultura y la riqueza patrimonial está una parte del futuro de Sevilla. El Caixafórum, pensado para el disfrute de los sevillanos, va a ser a partir de ahora una parte importante de esa oferta.

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