¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Calderilla para el Museo Arqueológico

La remodelación del Arqueológico empieza a parecerse demasiado a la ampliación del Bellas Artes

El primer principio de la termodinámica hispalense señala que cualquier proyecto, por mínimo que sea, tiende en Sevilla a eternizarse. La restauración y modernización del Museo Arqueológico no va a ser una excepción. Es llamativo cómo el que sin duda es, entre otras cosas, el gran museo de la Bética romana, ha sido sistemática e históricamente ninguneado por todas las administraciones. Al parecer no importa que en dicha institución se custodie una de las mejores colecciones de bronces jurídicos que existen, o piezas de una belleza extraordinaria como la Venus de Itálica, la estatua de Trajano o el mosaico del Triunfo de Baco. El Arqueológico de Sevilla no interesa a nuestros políticos. Un ejemplo claro se vio cuando con el nacimiento de la autonomía se primó a su vecino de enfrente, el Museo de Artes y Costumbres Populares, ansiosos nuestros representantes de dotar al argumentario del autogobierno de razones etnográficas de peso (palillos, sillas de enea, bordados, azulejos…). Nadie duda que trebejos y paños son de gran interés, pero es evidente que no tienen la trascendencia del Tesoro del Carambolo, el Bronce Carriazo o la Astarté sedente (el Arqueológico brilla también con el oro de Tartessos).

No deja de ser una extraña casualidad que la misma semana (la pasada) que aparecieron en la Plaza de San Francisco los primeros restos conocidos de la que fue la cerca romana de Hispalis, conocimos también que las hipotéticas obras de restauración y modernización del Museo Arqueológico sólo han sido dotadas con la calderilla de un millón de euros en los Presupuestos Generales del Estado. Con eso no hay ni para palustres. Es la Administración central la responsable de la conservación de la sede del Museo, empeño en el que lleva años fracasando obstinadamente. Esto empieza a oler peligrosamente como la ampliación del Museo de Bellas Artes, iniciativa que anunció a bombo y platillo la entonces ministra de Cultura Carmen Calvo y que lleva lustros acumulando polvo. Guillermo Vázquez Consuegra, responsable del proyecto desde 2009, ya ha tenido que meter la tijera en más de una ocasión. Como decíamos, resulta llamativo que la Bética, la que fuese la zona más romanizada de España, el granero del imperio, no cuente desde hace mucho tiempo con un gran museo romano. La situación es hoy por hoy preocupante: las piezas empaquetadas en un almacén de la Junta (todavía hay que ver el proyecto de hacer una exposición antológica en el convento de Santa Inés) y el comienzo de las obras pendientes de un hilo. Otra tomadura de pelo más a la ciudad.

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