Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Calderón y la inoportunidad de su momento

CONOZCO a Gabriel Humberto Calderón desde que llegó a España. Desde que vino para jugar en el Betis, pues ya el año anterior había arribado a nuestro país para defender la albiceleste. Cuando lo hizo a Sevilla fue de la mano de Juan Salas Tirado en un día del verano del 83 a un Betis con flamante presidencia de Gerardo Martínez Retamero y que había relevado en el banquillo a Marcel Domingo por un honesto navarro como Pepe Alzate.

Traté mucho a este argentino que mira de frente y que dice lo que piensa tras pensar si debe decirlo o no. Como futbolista fue de los mejores que defendieron la verde, blanca y verde del Real Betis Balompié. Entonces fue ídolo principalísimo en un Betis que vio cómo se iban Esnaola, Cardeñosa y Gordillo de una sola tacada en el verano del 85 y Heliópolis mandaba callar cuando se disponía a patear algún directo desde los aledaños de la media luna para terror de porteros.

Ahora se le está quedando el trabajo a medias porque tras haber recompuesto al equipo, ese equipo se las avía solito para equivocarse en el momento más inoportuno... si es que alguien cree que existe algún momento en que convenga el error. Y como esa labor intersemanal no se corresponde con lo que el equipo logra en el partido, ahí lo he visto ciertamente desencantado. No con los brazos abatidos, pero sí triste por la forma en que su equipo acumula malos números.

Y si el equipo se equivoca en el momento más inoportuno, tampoco puede decirse que Gabi haya logrado su sueño de volver al Betis en el momento adecuado. Hubiera merecido la oportunidad de hacerse con las riendas del Betis cuando el Betis hubiese vivido más coherentemente. No ahora en que el club anda mirando a todos los puntos cardinales porque cuando no lo tirotean de poniente lo hacen de levante, del norte o desde sus mismas entrañas. Un horror.

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