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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Calvo y los amantes

Calvo es la encargada por Sánchez de sacar petróleo electoral de los ricos pozos feministas descubiertos el 8-M

De Carmen Calvo recordamos su desesperante impuntualidad en los años en que ejerció de Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía. No había rueda de prensa a la que la egabrense no llegase, como mínimo, veinte minutos tarde. Desesperado, el intrépido reporter Alfredo Valenzuela (especialista en entrevistar a vampiros y exploradores perdidos) solía saludarla con un contundente "¡buenas tardes!", pese a que la cita fuese, por ejemplo, a las diez de la mañana. Tiempo después, ya como ministra del ramo, la recordamos en el Museo de Bellas Artes de Sevilla anunciando solemnemente la ampliación de la pinacoteca por el Palacio de Monsalves con el fin de mostrar su extensa colección de pintura del XIX. Como ya habrán adivinado, todo aquello quedó en polvo y melancolía y el caserón sigue habitado por fantasmas y ácaros. La actual vicepresidenta del Gobierno, sin embargo, sí fue más diligente en el desguace del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca por la presión de los nacionalistas catalanes (algunos de ellos pertenecientes al PSC), pero esas batallas perdidas quedan ya muy lejos.

Ahora, esta constitucionalista de voz aguda y verbo machacante, se ha convertido en el ejemplo más evidente de un Gobierno que suple con la gesticulación su escaso margen de maniobra. Carmen Calvo es la encargada por Sánchez de sacar petróleo electoral de los ricos pozos feministas descubiertos el 8-M y no para de bombardear a la prensa con ocurrencias de variado pelaje, algunas extraídas de los círculos violetas más radicales y castradores, aunque siempre envueltas con una leve gasa de cursilería para el consumo de masas. Recordemos, por ejemplo, cuando se unió a la batalla contra el "amor romántico" por ser "machismo encubierto", o cuando comparó el cuerpo femenino con un "campo de batalla" en el que chocaban el cobarde heteropatriarcado con las valientes huestes mujeriles.

La de Cabra pertenece a esa amplia corriente de pensamiento actual que pretende avivar (no se sabe muy bien por qué ni con qué objetivo) la desconfianza entre los hombres y las mujeres. Su proyecto de exigir un "sí explícito" de las féminas antes de proceder a la coyunda es absurdo por indemostrable, y mezquino por introducir la sospecha permanente en los ámbitos más privados e íntimos de las persona. Y todo por arrancar un puñado de votos para Sánchez. Alguien dijo de Calvo que era "leal, feminista y autoritaria". Acertó de pleno.

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