Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Canijos

UNA profesora en pose de superheroína, otro profesor que basa sus métodos en la radio tradicional. No son frikis, aunque alguien se ría: son profesionales que se convierten en modelos para su gremio, como propone este programa de la televisión pública. A los niños y jóvenes del siglo XXI, tan interconectados y a los que con tantas pantallas es difícil sorprenderles, cada vez cuesta más motivar e ilusionar, hay que movilizarlos con nueva metodología, con otras formas de comunicación y didáctica. Otra forma de aplicar el conocimiento y estimular el intelecto. Convertir ese objetivo en un formato divulgativo a través de la televisión se complica para llegar a un público generalista. A niños y grandes. Sin los Trancas y Barrancas cibernéticos, Tikis y Mikis, con menos movimiento que un jarrón, y sin el tono de Juan y Medio, Poder canijo sería un valioso programa de La 2. Invisible, desapercibido, pero un espacio digno de congregar a los docentes y padres con inquietudes.

Pero, como contenido de más audiencia potencial, como híbrido entre El Hormiguero y Menuda noche con decorado como el cerebro de Del revés, esta propuesta de TVE y Fundación Telefónica sólo va a pelearse con mucha voluntad en la baldía tarde de los domingos. El valor de los profesionales seleccionados se desvirtúa entre la opereta y los chistes que envuelven a este programa de Flipy. Para hacer más ágil el formato se suceden las visitas de los colaboradores, a ritmo hormigueril, como Elena Furiase, Berta Collado, Mario Picazo o el propio Flipy. Figuras con ganas de remontar ante la familia. Sus segmentos traen asuntos interesantes, pero se deshilvanan en un formato que parece que no sabe qué quiere ser de mayor.

Como escaparate de lo más original y sorprendente que se recoge en las aulas españolas, es una buena idea; pero vestido como programa de entretenimiento, requiere de un rodaje que no va a encontrar la generosidad en la audiencia. Y Juan y Medio por sí solo, ahora que se está clonando hasta la hartura, ni sorprende, ni se renueva.

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