SI fuera información de dominio público, como las bodas monegascas o las borracheras de Amy Winehouse, más personas dentro y fuera de Sevilla se echarían las manos a la cabeza. El Real Alcázar, uno de los tres hitos monumentales que Sevilla tiene con vitola de Patrimonio de la Humanidad, un conjunto histórico de excepcional valor que sigue teniendo uso como palacio real, bajo la tutela de Patrimonio Nacional, cuando los Reyes se alojan en él, y el lugar de visita obligada de todo el turismo que acude a la ciudad, ha estado en los últimos años bajo la égida política de una persona que, de concejal, ya había demostrado en el Ayuntamiento su incompetencia como gestor: Antonio Rodríguez Galindo. La dimisión del arquitecto conservador del Alcázar, Antonio Balón, que estaba a sus órdenes, y anticipándose a su relevo por parte de Zoido como nuevo alcalde, va a evidenciar con más facilidad el sinsentido del cargo político de alcaide del Alcázar que Monteseirín se sacó de la manga para que Rodríguez Galindo siguiera viviendo del erario público tras sus estrepitosos fracasos como delegado municipal, primero de Educación, después de Cultura y por último de Bienestar Social.

Las pruebas de deterioro en algunas de sus estancias, la vulgarización en un enclave donde sólo cabe que todo sea ejemplar, son otra herencia de la era Monteseirín que resolver cuanto antes. Suya es la responsabilidad de que Galindo le hiciera la vida imposible al anterior conservador, José María Cabeza, le ninguneara en negociaciones con el personal y optara por cacicadas en contra del interés general. Así se escribe la Historia: Cabeza se desvivió por y para el Alcázar durante tres lustros, y en 2008 dimitió por dignidad porque le estaban torpedeando quienes más debían estar agradecidos a que el Alcázar viviera una formidable revitalización y restauración.

Ruego a quienes prosigan en el Patronato del Alcázar o entren pronto en él, todos personajes notables de la ciudad, dejen de dar la callada por respuesta cuando tengan conocimiento de los problemas. Así no se defiende a Sevilla.

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