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Desde mi córner

Luis Carlos Peris

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En Carnaval, el Sevilla se disfrazó de Getafe

Lopetegui dejó a Suso rodeado de cíclopes y le recetó a Bordalás de su propia medicina

Admirable transformación del Sevilla para dar un golpe en la mesa y establecer la jornada vigésima quinta como punto de inflexión para una vida mejor. Era Domingo de Carnaval y el Sevilla, haciendo honor a la fecha, se apropió de los ropajes del Getafe para ir al Coliseum disfrazado de Getafe. De ese Getafe que anda en la tarea de erradicar el tiquitaca y que el domingo vio cómo era derrotado con esas sus armas que le tienen en candelero.

Mucho se propaló en el verano que en la planificación del retornado Monchi se establecía como punto de partida el de fortificar el equipo. Y se conformó una plantilla ciclópea que arrancó como un tornado, pero que amainó preocupantemente en este bisiesto que vivimos. El equipo había caído en un marasmo de no saberse a ciencia cierta a qué jugaba y las ilusiones fueron apagándose a la par que se perdían cotas en la biblia del fútbol, la tabla clasificatoria.

Ni siquiera Nervión era el fortín habitual, por lo que hasta bajó de forma espectacular el crédito de Lopetegui, pero así como siempre llega el verano con las primeras golondrinas, apareció el Sevilla donde menos se esperaba. El Getafe, con sus abruptas maneras, era el que le había desalojado de la tercera plaza y esperaba en el corazón de un chaparrón de halagos por su disertación pragmática ante todo un Ajax. Claro que muchos creen que el halago debilita y el Getafe es el Ge-ta-fe.

Y a Getafe fue el Sevilla vestido de Getafe para darle a la tropa de Bordalás de su propia medicina en grandes sobredosis. Prescindió Lopetegui de algunos exquisitos, rodeó a Suso de forzudos, y fue al Coliseum con las armas que le habían dado en el verano. Armas que ejercieron de antídoto perfecto con las que contrarrestar las del anfitrión en una pelea preñada de virilidad y de compromiso con la camiseta para volver donde solía y dejar el atasco en sólo un mal sueño.

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