Crónica personal

Pilar Cernuda

La Casa Blanca

Alas seis de esta tarde, hora española, Barack Obama jurará su cargo de presidente de los Estados Unidos ante la explanada del Capitolio. A las seis de la tarde de este martes se inicia una nueva era en la historia de Estados Unidos, pero también en la historia del mundo: un negro llega al Despacho Oval de la Casa Blanca, un joven de color que era un desconocido hace sólo dos años se hace con el cargo más influyente, más poderoso. En su mano están las grandes decisiones que cambian los escenarios internacionales, toma iniciativas de guerra y de paz, hunde gobiernos y promociona a quien conviene a sus intereses.

La expectación es enorme, nunca vista hasta ahora. No solamente por el color de su piel y lo que eso significa -hace pocos meses nadie habría apostado por ver en la Casa Blanca a un descendiente de esclavos-, sino por las características de Barack Obama. Hombre muy joven, con escasa experiencia política, capaz de ilusionar con sus mensajes de que todo es posible si se pone empeño, pero que también provoca algunas dudas sobre su capacidad de dirigir un gran país, él que nunca ha tenido cargos de responsabilidad. Su campaña ha sido espléndida, ahí están los resultados, pero llega ahora el momento de la verdad, de comprobar si se cumplen las expectativas puestas en su persona.

Zapatero no oculta su admiración por Obama y su deseo de formar parte de su círculo de amigos. Pero que no se equivoque: todo indica que cambiarán pocas cosas en la política exterior de Estados Unidos, sea Oriente Medio o la situación respecto a Irán o Iraq, por mencionar sólo un par de puntos que sobre los que se centran en este momento todos los ojos. Siempre nos quedará la duda de si Obama habría invadido Iraq e iniciado una guerra incomprensible, injusta y probablemente ilegal. Pero hasta ahora no ha dado muestras de que vaya a realizar una política muy distinta respecto al calendario de retirada de tropas, por ejemplo. Y es que, al contrario de lo que ocurre en España, los presidentes se guardan muy mucho de proceder a la demolición de sus antecesores, por no hablar de que su sentido del patriotismo les lleva a aceptar incluso lo inaceptable si piensan que es bueno para su país.

Las relaciones de España con Estados Unidos mejorarán, entre otras razones porque no podían ser peores (nunca el presidente americano ha querido entrevistarse con el español y ha dado muestras públicas de tenerle en muy escasa consideración). Con Barack Obama será distinto, de hecho habló con Zapatero, como lo hizo con otros presidentes europeos, tras su elección. Pero no pensemos que con Obama todo va a ser perfecto: su opinión respecto a varios asuntos de política internacional son diametralmente opuestos a los españoles.

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