Visto y oído

De la Casa

ALGÚN día descubriremos qué pasará cuando Carreño y Paco González tengan que relatarnos que tenemos que hacer las futboleras maletas antes de tiempo, como nos ha pasado toda la vida. Lo que ha sido lo más normal hasta hace un rato. Pero esperemos que pase mucho tiempo hasta recordar de nuevo el sabor de la derrota imprevista o de la amarga eliminación injusta. La banda sonora televisiva del "yo soy españoó, españoó" no conoce palmaditas en la espalda, justificaciones con chasquido de lengua, como tantas veces tuvo que encarar José Ángel de la Casa. El que fuera narrador durante tantos lustros del fútbol de la selección en TVE, desde Naranjito, recordado por las nuevas generaciones por su gallo maltés, se prejubiló en su casa sin haber exclamado ese título que parecía imposible alcanzar. Lo que este domingo sufrían los italianos es lo que encajaron durante años los espectadores españoles, con la serena voz de De la Casa, quien ha comentado en otras ocasiones que no le importa no haber narrado ninguna de las copas alzadas por el novio de Sara.

Nuestro destino era escuchar la lacónica cantinela de la derrota, "gol... Gol (sin estirar la "o" para nada) de Italia"... o de Francia, o de Yugoslavia, qué cosa más antigua. La recreación de aquella frase del "jugamos como nunca y perdimos como siempre", del lamento de la madrugada del penalti de Eloy o la tarde del de Nadal, el tío del tenista, en Inglaterra. JJ Santos fue el que se encargó del disgusto matinal ante Corea.

Alguien contará estas cosas a las niñas de Reina y Fernando Torres, las que juguetean en el césped de la gloria, ajenas al pasado que tuvimos. Si en el fútbol hemos remontado, también lo lograremos en lo realmente decisivo. De la Casa siempre nos emplazaba al futuro, con optimismo, para resarcirnos de nuestras decepciones. Y, sí, tenía razón. Remontaremos.

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