Fernando del olmo

Catedrático de la US y académico correspondiente de la RAC

Casas de escritores y placas conmemorativas

Soy aficionado a visitar las casas de escritores o, mejor dicho, parafraseando a Virginia Woolf, las casas de grandes hombres, incluyendo en el plural de los "hombres" las grandes mujeres. Hago memoria de los últimos años y recuerdo mi paso por la casa-museo de Miguel de Unamuno (Puerto Rosario, Fuerteventura), donde vivió deportado (Marzo-Julio 1924) cuando era Puerto de Cabras; las casas de Pablo Neruda, La Sebastiana, en Valparaíso, y La Chascona en Santiago (Chile); en Rusia, las casas de Lev Tolstoi en Moscú y Yasnaia Poliana (óblast de Tula); en Inglaterra, entre muchas otras, la de Virginia y Leonard Woolf, Monk's House, en los Dawns de East Sussex (Rodmell), y la muy cercana Charleston Farm, donde la pintora Vanessa Bell, hermana de Virginia, vivió y trabajó con Duncan Grant, configurando el estilo post-impresionista de la época. Y en Sevilla, donde vivo, ¿no han vivido personajes notables? La respuesta es sí aunque, lamentablemente, los amantes de las casas o de las casas-museo no tenemos ninguna que visitar. El único consuelo son las, a veces poco reconocibles, placas conmemorativas, para la posteridad, recogidas en el libro Sevilla habla de Sevilla (1992) del añorado José Mª de Mena. Éstas nos recuerdan el lugar de nacimiento o donde vivieron algunos de aquellos "grandes hombres", tales como Ulloa, Aleixandre, Cernuda, Wiseman, Velázquez, Fabré, Cavestany, Villalón, Blanca de los Ríos, Manuel y Antonio Machado, Turina, Montoto, Carande…, aunque a veces sólo quede la fachada de la casa, o la polémica, como es el caso de la de Gustavo Adolfo Bécquer (con placa de Antonio Susillo). Peor están los "notables olvidados", ya que, o se desconoce dónde nacieron o vivieron, o ni siquiera existen ya las calles o manzanas urbanas, donde se ubicaron sus casas: Bartolomé de las Casas, Nicolás Monardes, Nicolás Antonio, de quien se celebró en 2017 su cuarto centenario casi en silencio, Ortiz de Zúñiga, Alberto Lista, etcétera. Es inconmensurable la falta de interés de los sevillanos hacia este tipo de patrimonio en nuestra turística ciudad. Por ello, la necesidad de recuperar la casa natal de Luis Cernuda, en la calle Acetres (La casa de Ocnos, Rogelio Reyes), es una oportunidad para empezar a revertir este maldito desinterés. También sería de aplaudir la recuperación de la tradición de "geografías literarias y pictóricas" de Sevilla, según el modelo de los azulejos cervantinos de la Exposición Iberoamericana (1929). Opciones hay muchas: Bécquer, Juan Ramón Jiménez, M. Halcón, A. Grosso, M. Ferrand, M. Barrios, o las pictóricas de G. Bilbao, M. García Rodríguez, J. Jiménez Aranda. Retomando esta iniciativa recuperaríamos los recursos turísticos de las celebradas Guías de Sevilla de Santiago Montoto. Si comparamos la sociedad inglesa con la sevillana en este particular, obtenemos un resultado decepcionante: echamos de menos aquí la existencia de organizaciones filantrópicas del tipo de la inglesa National Trust. Aspiramos, pues, a algo más, por ejemplo a hacer realidad el deseo (La realidad y el deseo, Luis Cernuda, 1936) de más patrimonio cultural.

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