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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Caso Cabrera, hay que investigar

Parece claro que no estamos ante una conspiración ultra contra el concejal socialista. La juez ha decidido investigar

Estábamos esperando a qué decía la juez de instrucción sobre el asunto Cabrera para emitir una opinión. Y su señoría ya ha hablado con claridad: los hechos denunciados por Vox "presentan características que hacen presumir la posible existencia de una infracción penal", por lo que la Justicia ha iniciado una investigación. Esto, por supuesto, no condena al delegado de Gobernación y Fiestas Mayores, ya que la presunción de inocencia, por mucho que algunos se hayan empeñado en enterrarla -como a Montesquieu-, debe estar por encima de cualquier otra especulación. Pero ya parece evidente que no estamos ante una pérfida conspiración de unos ultras rabiosos dispuestos a crucificar al progresista Juan Carlos Cabrera (quien es lo más parecido a un concejal de derechas que tiene el PSOE), y que en aquel restaurante del Parque de los Príncipes hubo algún tipo de tomate. Que este sea o no constitutivo de delito es ya otra cosa.

Recuerden que, según denunció el propietario del negocio, una discusión con Cabrera por el aforo de una mesa degeneró en una trifulca a varias bandas en la que hubo intercambio de insultos entre las dos facciones ("sudaca de mierda", "sinvergüenza" ...). Hasta ahí, todo digerible en esta tierra de morancos. El problema fue que, como también indicó el restaurador, a los pocos minutos de marcharse el munícipe y su familia, apareció por arte de magia una nutrida dotación policial que sometió al local a una exhaustiva inspección durante varias horas, lo que ya no es ninguna broma. No estaría bonito que el delegado de Seguridad usase la Policía para ajustar cuentas privadas, ¿verdad? El relato de los hechos, insistimos, no tiene por qué ser cierto, pero sí es verosímil. Todo pudo ser una coincidencia. A su señoría le será muy fácil comprobarlo.

Pero más desconcertante que el chusco acontecimiento, enmarcado en la tradicional chulería concejil española, la del "usted no sabe quién soy yo", fue la reunión posterior mantenida entre Cabrera, el propietario y el abogado Joaquín Moeckel. Este último hizo lo que los buenos letrados: buscó un acuerdo que evitase el escándalo y los juzgados, e intentó echar tierra sobre el asunto. "Nada, señores, falsa alarma, todos a casa". Tras dicha reunión, el propietario, antes hecho un basilisco, salió manso y se desdijo: "Fue todo una broma, je, je". Nadie pretenderá que nos lo traguemos, ¿no? Desde luego la juez no lo ha hecho. Investigará.

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