Tribuna Carta abierta a la duquesa de Alba

Nicolás Salas

A Cayetana de Sevilla

Querida duquesa Cayetana, no sé lo que podría escribir de ti el día que ya no estés entre nosotros, Dios quiera que sea muy tarde, si para entonces vivimos nosotros, pero estoy decidido a que conozcas ahora que estás bien viva lo que pensamos de ti.

En Sevilla, en todos los tiempos, hubo personas que pasaron por la ciudad sin que los sevillanos se dieran cuenta. Gente que dejaron huellas, que hicieron mucho por la ciudad y ésta nunca lo pudo agradecer porque ellos cumplieron el mandato de Miguel Mañara, que decía a sus hijos: "Haced el bien a quienes nunca lo puedan agradecer". Tú estás entre esas personas.

Quiero recordarte a algunos para que te sirvan de referencia y puedas valorar mejor lo que tú representas para algunos sevillanos. Fueron gentes que "hicieron y callaron", como tú haces, que sembraron amor como empresarios cristianos, que lucharon por la ciudad, que asumieron sus responsabilidades de clase. Y nunca sus manos derechas conocieron lo que hicieron sus manos izquierdas. Pero Dios "ofrece la luz de su ley" y al final resplandece el bien. O como escribió Voltaire, el tribunal del tiempo siempre pone las cosas en su sitio… Gente como Salvador Guardiola Fantoni, Leopoldo Salvador Gandarias, Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas, Joaquín Benjumea Burín, Alfonso Guajardo-Fajardo, José Luis de Pablo Romero, Fernando Solís, Pablo Atienza, Javier Benjumea Puigcerver… Y muchos más.

Muy especialmente te recuerdo a la infanta María Luisa. Hay que remontarse a la duquesa de Montpensier para encontrar una mujer que, como tú, tuviera a Sevilla en su corazón con tan apasionado amor y entrega. Fue una madre para los sevillanos la infanta María Luisa Fernanda de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, hija de Fernando VII y hermana única de Isabel II, duquesa de Montpensier por su matrimonio con Antonio de Orleans. Desde su llegada Sevilla en 1848, se distinguió por su entrega a Sevilla en todos los órdenes, su desarrollo económico apoyando la Feria de Abril, su cultura como mecenas, la Semana Santa, la obra de Sor Ángela de la Cruz… A su muerte, el día 2 de febrero de 1897, la Infanta donó a los sevillanos el parque que lleva su nombre y que eran los jardines de su palacio, y al Arzobispado, el palacio de San Telmo para uso exclusivo como Seminario Diocesano…

Nosotros llevamos casi sesenta años haciendo periodismo y puedo decirte que tú has sido la aristócrata que más se ha vinculado a la sociedad sevillana en este tiempo. Ante el páramo de solidaridad de la clase noble con la cultura local, en un constante desprecio, doloroso para autores y entidades, tu presencia generosa en primera fila ha sido siempre un testimonio de cariño y respeto, de gratitud. Ellos, iban "sólo a sus fiestas", y tú vas preferentemente a las fiestas de "todos los sevillanos".

Lo mismo en la modesta Feria Náutica de Gelves, durante la presentación de un libro de Daniel Pineda Novo sobre Simón Verde, que en las Reales Academias en actos solemnes; lo mismo en el Hotel Alfonso XIII para apadrinar obras sociales y benéficas o apoyar los libros de Antonio Burgos sobre Curro Romero y Juanito Valderrama, que en la más modesta hermandad o peña de barriada. Siempre con las grandes figuras de la cultura y con los más modestos. Aprendiendo a bailar con Enrique el Cojo en su escuela, como una alumna más; montando a caballo por el paseo ferial o camino de la ermita del Rocío, haciendo de anfitriona sevillana de Jacqueline Kennedy o Grace Kelly, apadrinando a la Cruz Roja, a la Operación Clavel, aportando ayudas para los damnificados del arroyo Tamarguillo… Y estando presentes tú y Jesús, dando testimonios de civismo, en las tomas de posesión de los dos primeros alcaldes de la Democracia, Luis Uruñuela Fernández y Manuel del Valle Arévalo.

Pero resulta que tú no eres una aristócrata más. Que tú no necesitas darte baños de popularidad, porque eres, como escribió Oriana Fallaci, la que tienes "más sangre azul de Europa". Tú no tienes un título nobiliario, sino más de cuarenta y de ellos catorce con Grandeza de España. Y tienes condecoraciones como la Gran Cruz de Beneficencia, y distinciones como la Medalla de Andalucía, y una rotonda junto al Guadalquivir. Pero sobre todo, tú tienes el cariño y respeto de muchos sevillanos, que no olvidan que eres sevillana adoptiva desde 1967.

En Gelves fuimos testigos de tu grandeza de corazón y auténtica nobleza. Una sencilla mujer del pueblo se acercó para agradecerte que tuviera casa propia gracias a ti hacía ya muchos años y nunca pudo decírtelo. Os besasteis. Y ella para demostrarte su cariño y gratitud, se quitó del cuello una cadenita de plata con una medalla, la besó y te la dio en la mano. Y entonces tú te la colgaste de tu cuello…

Nosotros tenemos recuerdos de tantas tertulias en Dueñas contigo y Jesús, rodeados de amigos comunes, con Sevilla siempre como tema apasionado, que necesitaríamos un libro para recuperar su memoria. Por eso, sintetizo en el título lo que sentimos. Es verdad que eres duquesa de Alba de Tormes, pero lo que tú quieres ser y ejerces con infinita ternura, es el Ducado de Sevilla.

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