La ciudad y los días

carlos / colón

Centenario de Saul Bellow

HAY libros que son a la vez una caricia y un bofetón. Nos ensimisman y encantan, haciendo que levantemos de vez en cuando los ojos de sus páginas para dejar vagar la vista por un entorno que parece transfigurado, hundido en un silencio absoluto, como si la habitación o la calle -en el caso de que estuviésemos leyendo en un café o un parque- estuvieran sumergidas y todo se moviera despacio y en silencio. Y a la vez nos perturban como si alguien nos sacudiera agarrándonos por las solapas o nos abofeteara para despertarnos. Me pasó leyendo Carpe Diem de Saul Bellow hace muchos, muchísimos años, en la primera edición española de Seix Barral.

Han pasado 47 años y nunca he dejado de leerlo y releerlo. Tengo sus libros aparte, junto a los de Dickens, Conrad, Conan Doyle, Proust, Camus, Stevenson y Bashevis Singer, en el corazón de mi modesta y querida biblioteca. El próximo 10 de junio se cumplirá un siglo del nacimiento de Bellow. Muñoz Molina lo ha recordado en su periódico. Yo lo hago en el mío. Si no en mí, confíen en él. Y léanlo. Tienen ediciones muy asequibles (entre 7 y 10 euros de media) de la mayor parte de su obra en la editorial Debolsillo. Y ediciones espléndidas de algunas de sus obras mayores en Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg.

Este hijo de pobres emigrantes judíos rusos primero establecidos en Canadá y después en Chicago -donde se ambienta casi toda su obra-, escritor progresivamente apreciado desde la aparición de su primera obra en 1944, saltó a la fama en 1964 con Herzog -140.000 ejemplares en tapa dura y un millón en bolsillo sólo el primer año- que le hizo rico y famoso. Se puede tener nostalgia de una época en la que una obra tan honda, exigente y desconcertantemente tragicómica -porque Bellow tiene el don judío de ironizar con las zonas de sombra de su alma, de su vida y de la existencia- se convierte en un best seller. 1976, con el Pulitzer y el Nobel, fue su segundo año de gloria.

Para Bellow "el arte del escritor trata de compensar la desesperación o mediocridad de la existencia sin caer nunca en la sensibilidad hacia lo feo y lo trivial que es la común calderilla de la narrativa moderna, en esa amargura hacia la existencia que no es sino simple moda". Por eso su obra es tan contradictoriamente irónica y seria, cínica y tierna, divertida y trágica, cruel y compasiva, hiriente y emocionante… ¡Humana! Y por ello imprescindible.

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