Pasa la vida

Juan Luis Pavón

Chaparrones autonómicos

EL chaparrón matutino del sábado me cogió desprevenido en la calle. No fue motivo de contrariedad porque la primera llovizna en meses depara siempre aires de ilusión, de cambio de ciclo, de primer día camino del cole. La refrescante sensación del otoño en ciernes por el chubasco ocasional hace calcular la cantidad de días en los que la lluvia ni está ni se le espera en buena parte de España. Tras el intenso consumo de agua al tener millones de turistas, pronto volverá a hablarse de sequía y rebrotarán las guerras del agua entre autonomías.

Qué poco caso se le hace a quienes se dedican al análisis riguroso de la gestión del agua. En Sevilla hay muchos. Rafael Rodríguez, que ha sido coordinador del CSIC en Andalucía, ahora aglutina el proyecto Melia, promovido por la Unión Europea para aprovechar las experiencias de todos los proyectos de investigación sobre el agua en la cuenca mediterránea mediante una información transversal eficiente a través de internet. Y a través de la red circula todo lo que dijo la semana pasada sobre la involución que se sufre en España en este asunto por culpa de los reinos de taifas autonómicas. "España se ha convertido en ejemplo mundial de torpeza por las reivindicaciones en los estatutos de autonomía. Es un disparate que se suma al desastre sufrido en las últimas décadas por un desarrollo urbanístico disparatado. Teníamos en España las mejores leyes de Europa y un sistema de gestión muy racional por cuencas. El agua no se rige por territorios sino por sus ciclos de evaporación marina, lluvia o circulación, y no podemos llegar al absurdo de que algunas comunidades reclamen el derecho de paso de las nubes. Y no es serio exigir trasvases tras tolerar miles de pozos ilegales que destrozan los acuíferos".

El mismo debate cabe plantearlo en la rivalidad interprovincial dentro de cada autonomía. Ojalá no sea necesaria la transferencia de agua en Andalucía desde el occidente hacia el oriente y desde el interior hacia las costas. Porque llegaría el anticiclón de los agravios, con y sin fundamento.

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